Espero que se vuelva usted a parar por aquí uno de estos días. Debo reconocer que admirablemente su comment me ha hecho dedicarle un post aunque no suelo gastar tiempo en responder ciertas hostilidades, así que bien por su éxito, no será repetido.
Si es usted ibérico -como aparenta su falta de x en México y sus conjugaciones, creo que muy cerca de eso que yo conozco como primer mundo no está, pero no es mi intención hablar de un país que ni siquiera conozco. Más bien quisiera puntualizar un par de cosas. Si he hablado con asistencia de la razón en estas páginas y usted se asegura europeo, entoncs usted no tiene idea de lo que es américa latina, usted no sabe y está absolutamente incapacitado para saber de qué se trata nuestra vida en eso que amablemente llamó subdesarrollo. Así, hablar de miseria del mexicano es utilizar una palabra que no puede colocar en un contexto sólido.
Digamos las cosas paso a paso porque parece que a usted le gustan los detalles: si usted fuera un poco entendido en pensamiento de mediana filosofía, es decir, cercano a las ciencias humanas, estaría de acuerdo con la idea de que discursivamente nos separa una distancia muy grande, en términos más científicos, estamos diacrónicamente constituidos como dos esferas discursivas distintas, lo mismo que usted y un francés cuya única liga es la económica y que, curiosamente, está por llevar a España al mismo lugar que fue llevada Grecia. Por lo tanto, sólo un mexicano podría hablar de miseria del mexicano porque somos nostros los que hemos tenido el hambre de igualdad social que no ha llegado a doscientos años de independencia u cien de revolución; sólo nosotros sabemos lo que es saber secuestrados a nuestros padres, a nuestros hijos por una ambición que le debemos a una pobre imitación de los países capitalistas como las fuertes naciones europeas o incluso como los Estados Unidos. Nostros, los mexicanos sabemos lo que es tener suleo fértil y pobreza para trabajarlo y también sabemos lo que es tener dinero para trabajar la tierra y ver a los hombres tirar esas oportunidades a la basura por ambicions momentaneas. Nostros podemos decir miseria porque hemos despertado un domingo y salido a la calle a votar por un mejor día de mañana y hemos visto al anochecer de ese mismo día como los medios se burlan de nostros imponiendo, bajo criterios de obejtividad misteriosos, la mano fuerte y poderosa de un grupo ambicioso que no deja de venderle el país a cualquiera que pague por él (y nosotros los mexicanos no podemos hacerlo. Por cierto, la inversión sobre nuestro petróleo venía de España). Estos miserables mexicanos somos los que hemos visto a familiares morir en hospitales de pésima calidad por actos de mera negligencia y hemos visto a hombres terribles darse unos años más en la vida porque son capaces de pagar para no tener que esperar un donador de órganos compatible.
Señor Anónimo, disculpe que le llame así, pero es que usted no ha puesto nombre, usted no puede hablar de nosotros porque usted ignora y no puede conocer la vida qu ellevamos, porque si usted se para en México, estará en un país que no es el nuestro sino el de los visitantes y ese es uno muy distinto.
Y por cierto, debo mencionar que la revolución tampoco salió bien en el primer mundo, el asunto del capital se los sigue comiendo y va a terminar por asesinarlos, pero debo reconocer que permitió -no en todos lados- el nacimiento de la cumbre del pensamiento occidental, Heidegger o Hegel quisiera decir, pero para qué. Pero también la vejez que caracteriza al mismo pensamiento. Sin embargo, la revolución por la que clamo yo y quizá algunos junto a mi y más allá de mi y muchos más sin mi, es una revolución de la que usted no puede tener consciencia, es la revolución que decapite nuestros reyes y acabe con nuestros amos: los modelos capitalistas. Revolución que se construye en un hartazgo al que yo lamento que no hayamos llegado. Revolución sin armas -si usted quiere- pero con acciones. Revolución construida sobre una solidaridad que aún no podemos crear pero que cada noche soñamos con saborear. Una revolución -señor- que mate a nuestro padre cristiano para siempre y nos deje en la soledad que necesitamos para madurar. Ese es mi sueño y lo persigo día y noche.
Lamento decirle que usted no tiene derecho a hablar de la miseria de mi gente y mucho menos de la mía porque ella la vivo yo, en mi corazón cada día, en mi espíritu cada instante y tiene más que ver con la sequedad de la existencia, con la imposibildad de la presencia y con ese vacío que agujera el infinito y con él las certezas y la calma del que no duda. Mi miseria no es una miseria nacionalista, ese es sólo el dolor del hijo que no reencuentra el hogar en el que quizá nunca vivió. Mi dolor es otro, es algo que quizá usted no alcance a entender porque a veces ni yo lo entiendo, pero cómo se siente en su Cervantes o en Goethe y en Nietzsche (aquí es donde viene la corrección ortográfica) y cómo se siente en nuestro Gorostiza o en el Borges argentino y cómo huele en la Historia de la sexualidad o en el seminario Disolución, pero qué esfuerzo si usted se detiene a comentar un texto inútil publicado en una página infantil de un universo casi ten virtual como el sueño de un manjar característico del primer mundo; supongo que usted no es quizá lector de algunos de estos y que quizá pueda usted enlistarme un centenar de obras que sí ha usted leído (dejando en claro que leer no es siempre leer).
Es pues ésta mi respuesta a un comentario sin mayor fundamento que una emoción llena de ignorancia. En mi país yo pienso y acá pienso aunque trato de no hacerlo y en mi país yo sufro y -creame- es usted muy pobre al leer que me quejo de la vida, cuando mi vida ha sido fácil, tranquila, quizá casi regalada; no me quejo de la vida, me quejo de no vivir en un mundo mejor aunque está en las manos de cada uno hacerlo así. Me quejo de la falta de ímpetu que tienen mis compatrotas y de los prejuicios como el suyo que comienzan por hablar de la miseria del mexicano, precisamente hablando jactancioasamente en un blog que leen cuatro personas (con usted cinco). Y me quejo de los días que desperdicio respondiendo comentarios que no tiene mayor caso contestar.
Pobre aquel que vive pobre y pobre aquel que vive rico, los demás son los que caben en el mundo.
NO CORRIJO, MUERO DE SUEÑO
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2 comments:
¿Para qué Hegel o Heidegger? Sólo para decir "Nosotros, occidente, nos volvimos históricos, y en la medida en que hay historia hay destino. Un destino del que no podemos calcular nada, pero ahí estará la posibilidad de ver lo que le va de más esencial al hombre, si aún les interesa un poco su humanidad" Esto está lo más apartado de ser una revolución. No voy a abundar mucho, pero Heidegger no entra en lo de representar ningún pensamiento. Pensamiento y pensar son distintos. Que el pensamiento sea una forma del pensar, eso lo agota Hegel. Heidegger va al pensar en lo impensado. Pero la vejez que caracteriza a este "pensamiento" tiene que ponerse aún más vieja incluso.
Sale pues...
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