Saturday, February 13, 2010

Diario de campo 15 o ¿Rugby? o Del sueño europeo o Grimbergen o desde el alcohol

Después de una buena noticia referente a lo económico supe que hoy podría hacer dos cosas: comprar un libro y comer algo de verdad (mis mejores comidas acá han sido invitado a casa de algunos conocidos parisinos) así que, después de perder toda la mañana haciendo absolutamente nada, me comí un par de sandwiches de atún para agarrar energía, un vaso de leche y mi acostumbrado plátano mañanero y salí a menos de cero grados a las calles parisinas tapizadas de hielo. El RER como siempre frío y un poco tardado, pero una vez arriba lo demás siempre llega solo. Notre-Dame es la estación y el punto referencial para encontrar tanto el camino a casa como la librería de historia antigua que estaba yo buscando. Salí mal del tren y salir mal del tren acá significa varias cuadras y varias medias horas antes de reacomodar el día, pero afortunadamente las cosas salieron así. Después de caminar un rato encontré el famoso Pantheon que resulta ser una ocnstrucción imponente que no hace sino mostrar la insignificancia que termina siendo uno frente a la historia arquitectónica de un país como Francia; en fin, para mi desgracia el lugar estaba cerrado sólo por hoy y me tuve que ir con un par de fotografías del exterior y un frío insoportable. Así pues, tomé la calle por la que llegué pero en sentido contrario, desde ahí se podía ver la otra majestuosa construcción a la que debía ir antes del anochecer. Después de un poco de camino encontré un lugar repleto de banderas que decían Guiness y mi antojo cervecero se espezó a alborotrar, más porque el interior del lugar parecía sacado de una película oscura donde cualquier protagonista se pierde en un momento crítico de su historia. En fin que mi antojo no me alcanzó a quitar el miedo que me da entrar a un lugar nuevo y probar mi malísimo francés, así que decidí alejarme no sin titubear un par de veces diciéndome: "busca el libro, si lo encuentras regresas". Y así fue, aunque empezaba a tener hambre, dediqué los siguientes minutos a buscar la librería que en algún momento había visto hacía ya casi un mes. Después de algunos minutos de caminar y esquivar centenas de gaviotas (si es que eso eran esos estúpidos pajarotes) que se la pasaban cagando a cuanto turista veían, logre reencontrar el solitario camino hacia la librería. Por fin estaba dentro, ya sin frío y madame X me atendió tal como la otra vez: con cara de "odio a los extranjeros pero oh, este muchacho va a comprar, habrá que sonreir"; entonces el libro, del que ya quedaban sólo unos pocos ejemplares, pasó a mis compradoras manos y me pintó la cara de alegría: un libro de muertos prehistóricos e históricos. Y mi profesora de arqueología decía que no había. Afuera del lugar mi cabecita dijo: "Tú lo prometiste -chavo- CERVEZA, quiero una Grimbergen y una Kronemburg y lo que sea". Entonces no hubo más que apretarse un guevo (con h se rompen) y redirigir mis mexicanos pasos al lugar que, por alguna extraña razón, memoricé como si estuviera en coyoacán. Pues con el mismo valor que caminé me metí y me encontré el paraiso: decenas de hombres vikingos bebiendo cervezas de colores, sentados al rededor de una televisión que transmitía un juego del deporte local por excelencia, el rugby. Deporte más raro porque no es más que una orgía de fuerza entre algunas decenas de hombres mamadísimos que terminan sangrando y amontonados unos sobre los otros en una violencia con un tinte de cachondeo homosexual. Jugaban Francia contra Irlanda y, por lo que vi, el equipo de los locales masacraba a los que habían puesto la cerveza en sus mesas. Poco asustado, pero lleno de testosterona, pedí una Grimbergen, por mucho la cerveza más rica que he tomado en París, pero eso sí, con la aclaración petit s'il vous plaît y vi la cara del chico de la barra: est-ce que tu es une femme? (espero escribir bien). Pues tome mi homosexual cerveza y busqué el lugar adecuado, a la mitad de todos esos machos que gritaban y aplaudian a un montón de jugadas que a mi me parecían idénticas y homosexuales. Pero ahí estaba, metido a la mitad de los hombres que aman un deporte. Unos tragos más tarde se había acabado mi bebida y yo no podía quedarme así, en la mesa de enfrente había tres chicas que eran todas novias de un tipo cualquiera (todas del mismo) que habían bebido más que yo en la media hora que tardé en acabarme mi cerveza. Entonces me levanté -como un caballero- y caminé hacia la barra (ya estaba mareado) y pedí una cerveza; pero yo quiero una brune, algo de hombres diríamos en mi país. Y ahí estaba, más barata pero negra como mi espíritu, Grimbergen brune, ¡ah! el cielo. Tomé mi homosexual copita, después -claro- de que el tipo me dijo con una sonrisa maliciosa: petite? y me sirvió mi dosis de niña (por cierto y para todos mis amigos: en la barra tambien atendía una chica en faldita y mallas, con dos colitas, que medía como seis metros y medio, un ejemplar fascinante de vikinga que me daba más miedo que un ladrón mexicano, pero muy, muy, muy güera y muy guapa). Al final tomé mi copita y caminé a mi viril posición junto a la tele, a escuchar una y otra vez el rugir de los hombres gritar Allez, allez y entonces me sentí muy bien, borracho, pero bien, estaba como en casa, mejor que en casa, estaba donde me gustaría tener una casa. Mi cerveza duró media hora más y mi mareo se mantiene hasta ahora. Después del último trago revisé que mi tarjeta del transporte, mi celular y mis monedas siguieran en su lugar, me abotoné el abrigo y salí de ese lugar medio tambaleante y muerto de hambre, con ganas de volver y gritar Allez. El resto del camino sólo sé que lo pasé lleno de no sé qué cosa que me hace querer morir en este lugar.

5 comments:

fvlsereverecandiditibisoles said...

Bueno, si quieres morir ahí, di que eres un antropólogo maori. Practica el kapa o pango.

http://www.youtube.com/watch?v=tdMCAV6Yd0Y

http://www.youtube.com/watch?v=CyrVbfcV00k

fvlsereverecandiditibisoles said...

Olvidé preguntarte si la güera estaba más grande que tu ñonga.

ja said...

...sí

fvlsereverecandiditibisoles said...

Qué elocuencia, güey. Saludos.

ja said...

Qué esperabas si cosas más grandes que esa pus no hay muchas, tú lo sabes...