Monday, February 22, 2010

Diario de campo 20 - ¿Racismo?

No me agrada que el post que llega a la segunda decena de textos de viaje sea un texto triste, sin embargo hoy ha sido un día un poco gris y supongo que tendré que hablar de ello, así que a falta de amigos o psicoanalista no me queda más que confiarme al único espacio propio que me queda.

La porte est fermé
(no corregiré la ortografía francesa)

No sé si se trata de un asunto de códigos, el hecho es que para ir a un concierto acompañado no sé qué debo hacer, pareciera que a nadie le interesa o que cuando invito a alguien le estuviera ofreciendo droga o sexo, el punto es que no he logrado hacerme acompañar a un concierto. ¿Asunto de códigos? ¿o será que simplemente estoy feo? pero es que ni hombres ni mujeres parecen interesados en esos eventos.

Códigos parece ser la respuesta: si estás en la mesa no le ofrezcas de tu comida al de junto, menos si es chica, ella piensa "cuántas atenciones"; si estás en el metro no le des el paso a un señor que va a salir antes que tú, te verá con ojos de "¿este pinche alien?" y se reirá del estado de minimización al que uno se reduce por un gesto de "cortesía"; mucho menos mires a los ojos de alguien en el transporte público y sonrias, es una estúpida falta de respeto a la intimidad y la respuesta es, casi siempre, hostil. No le digas a tu vecina arquitecto -aunque sea a la única persona a la que le hablas en la casa- "es mi cumpleños, quiero ir a algún lugar un rato, ¿quieres ir?" porque de verdad que le parece una invitación.

Códigos. Hoy me siento tan fuera de todo código que pareciera que no puedo acercarme a una sola persona, que no puedo platicar con nadie, sin parecer anormal. Siento como si la puerta entre todos y yo estuviera completamente cerrada y todos tuvieran una llave menos yo. Aunque debo reconocer que siempre me siento así en el mundo, sólo que en mi propio país le sé más o menos el modo al mundo y, por lo menos, domino el lenguaje a la perfección, tanto que hasta soy chorero.

En fin, hoy estuve durante un par de horas en el metro, con una compañera italiana muy simpática y, principalmente, paciente; intenté hablar en francés, creo que lo logré un poco más pero me pesa demasiado la demás gente, no sé si es por una serie de sueños que he tenido o porque simplemente la segunda experiencia que quiero relatar hoy me ha venido a caer encima como un piano en la cabeza.

Del racismo

De ninguna manera podría decir que he sentido algo de racismo en París, de hecho hoy me enteré que existe una ley que prohibe pedir la nacionalidad como dato general a una persona cualquiera -las multas son monstruosas para la institución que se atreva a hacerlo- si acaso lo que he notado es que hay gente que no tiene la paciencia para escuchar el francés malo de uno y que inmediatamente empieza a hablar inglés, pero no es el común. Aún así, hoy tuve una experiencia un tanto fuera de lugar que me dejó con un muy mal sabor de boca.

Como es obligatorio la directora de la casa en la que vivo me citó para entrevistarme con ella; dice que porque es importante conocer a cada persona que se encuentra viviendo en una casa tan pequeña como esta.

Muy cordial y matando mi prejuicio sobre la puntualidad suiza -apareció cerca de diez minutos después de la hora pactada, a la que yo asistí con la puntualidad mítica que esperba observar en ella- aparece pidiendo una disculpa por el atraso (que es verdaderamente de mes y medio) y con mi expediente en la mano. Me habla en francés y contesto lo mejor que puedo, aunque debo reconocer que me pongo muy nervioso cada vez que hablo con alguien que me coloca en algún lugar jerarquizado (aunque aquí no me siento tan así) y depués de un par de frases yo le digo I prefer to answer in english a lo que ella responde all right amablemente y dice I learned spanish a couple of years ago but I forgot y yo no hago sino sonreir y decir you can practice a lo que finalmente responde con una frase que no me resultó oscura sino hasta después Yes I must go to southamerica someday. No más, la conversación fue acerca de la casa y lo que me gustaba de ella y de cómo había pasado mis primeras semanas aquí, a lo que yo siempre dije que estaba muy agusto porque el ambiente era muy relajado y amigable.

Pero, en algún momento me preguntó por lo que extrañaba de mi país y no pude sino decir lo único que verdaderamente extraño: el sol; finalmente ella responde I know in southamerica is different, there is always sun. A partir de ese momento nunca más habló de México sino de sudamércia, lo que mer resultó muy chistoso hasta que nos despedimos y se fue. México no es sudamérica, quizá latinoamérica pero sudamérica jamás. No es que me moleste que nos mezclen con la gente del sur del continente o como decía la colombiana, con la gente del centro del continente; es más bien que pienso que es un poco grosero meternos a todos parejo en un costal y decir sudamérica como si fuera exactamente lo mismo. Es cierto que nosotros decimos Europa para referirnos a todos ellos y a veces hablamos de norte o este de Europa para hablar de colores de cabello o de ojos, pero decimos Europa para referirnos a un continente y ella no dijo América, dijo sudamérica y ese no es un continente, es la parte sur del continente americano. Quizá estoy pensando incorrectamente y es una cuestión de percepción, pero, al decir sudamérica de México para abajo incluyendo, quizá, a todos los hispanoparlantes del continente, la mujer demuestra, primero que nada, jamás haber visto con atención un mapa del mundo y de nuestro continente; además deja en claro que norte américa estaría representada por los países arriba de los estados unidos, lo que me parece una división un poco ignorante porque acá incluso tenemos un tratado comercial muy importante entre tres de las naciones norteamericanas; tercero, creo que la distinción se apoya en dos aspectos comunes: nuestro aspecto y nuestra lengua, lo que al final no me hace sino pensar que todo esto es un asunto de racismo (no hablo del racismo asesino, pero sí de un caso de segregación racial al que le acompañan cualquier cantidad de consecuencias, pero que principalmente se funda en la ignorancia).

Ahora, quiero dejar en claro que a mi me caga la amadre latinoamérica, nuestros gobiernos y nuestras historias de atropellamientos, abusos y excesos; mi país me enfada más que ningún otro lugar sobre la tierra y yo soy el primero en decir que sin muchos mexicanos (empezando por el presidente y acabando por Juanito) el mundo sería mucho mejor y lo mismo pienso de muchos centro y sudamericanos, pero yo vivo ahí, crecí ahí y conozco en lo que estamos metidos, la miseria que nos caracteriza y la monstruosidad en la que nos ha convertido nuestro equivocado ensayo de capitalismo occidental. Yo no hablo con ignoranica -aunque sé que no tengo más que eso- hablo con un poco de expriencia y con lo poco de criterio que he formado al no conformarme con lo que me vende el pensamiento corriente en mi país. Me parece que esta vez sí me opongo a la palabra sudamérica viniendo de alguien que parece no pensar que tenemos historia, que tenemos diferencias y que tenemos guerras que pelear y ganar o perder individualmente antes que juntos. Me opongo a que nos amarren en el mismo manojo a todos porque esa maldita generalidad, esos ojos tan cerrados son los que hacen que ellos jamás vengan y jamás conozcan nuestros países (por más que gasten millones de euros acá) y que por eso los tratados económicos y las políticas exteriores sean tan desfavorables para nosotros que, por nuestra estructura ambiciosa y pobre a la vez, aceptamos sin queja ni más.

No tengo nada en contra de la señora, de hecho ha sido amable y diplomática conmigo, pero creo que no está bien que estemos tan mal que no hayamos hecho que el mundo entero sepa quién es México o quién es Brasil o Argentina en sus particularidades históricas y no lingüísticas. No amo américa latina, pero tampoco amo la ignorancia y no soporto un discurso que se construye sobre ella porque más allá de esta mujer hay mandatarios y empresarios y cualquier cantidad de hombres poderosos que, aunque levanten sus leyes y banderas contra el racismo no saben que las políticas incluyentes no son más que la continuación de la guerra, de la conquista y de la colonia. Ellos y la guerra no han cedido, sólo han cambiado sus campos pero la lengua de esa mujer y la lejanía que existe entre algunos habitantes y los migrantes me han mostrado hoy que seguimos escuchando y olfateando un discurso que hace siglos comenzó a habalrse.

De las disculpas

No soy nadie para hablar así, soy ignorante en todo sentido de lo que son y hacen los países tanto europeos como latinoamericanos, sólo digo lo que escucho, lo que veo y, quizá, sea bueno para leer detrás de los discursos o quizá sea un miserable mexicano ardido con una sola persona que igual ni es ella. Sólo que alguna vez he leído a Michel Foucault y él dijo que al política no es más que la continuación de la guerra.

Me disculpo por las mañosas mayúsculas y minúsculas que utilicé en el texto y espero que teatralmente aparenten el síntoma que me embarga el espíritu hoy.

Me disculpo porque no sé desde dónde hablo, es quizá desde una inmensa ignorancia, pero al final sé que esto lo leen muy pocos y que mis palabras no llegarán a ningún lugar.

2 comments:

Anonymous said...

Pero llegaran a donde tengan que llegar.

Anonymous said...

La ignorancia y el racismo empiezan por ti mismo. Buena leccion.