Friday, February 26, 2010

A serious man

Tú dices misterio, quizá misterio que no se resuleve. Yo digo desolación, eso me provocó.

Diario de campo 22 - Disculpe usted, supongo que señor ibérico

Espero que se vuelva usted a parar por aquí uno de estos días. Debo reconocer que admirablemente su comment me ha hecho dedicarle un post aunque no suelo gastar tiempo en responder ciertas hostilidades, así que bien por su éxito, no será repetido.

Si es usted ibérico -como aparenta su falta de x en México y sus conjugaciones, creo que muy cerca de eso que yo conozco como primer mundo no está, pero no es mi intención hablar de un país que ni siquiera conozco. Más bien quisiera puntualizar un par de cosas. Si he hablado con asistencia de la razón en estas páginas y usted se asegura europeo, entoncs usted no tiene idea de lo que es américa latina, usted no sabe y está absolutamente incapacitado para saber de qué se trata nuestra vida en eso que amablemente llamó subdesarrollo. Así, hablar de miseria del mexicano es utilizar una palabra que no puede colocar en un contexto sólido.

Digamos las cosas paso a paso porque parece que a usted le gustan los detalles: si usted fuera un poco entendido en pensamiento de mediana filosofía, es decir, cercano a las ciencias humanas, estaría de acuerdo con la idea de que discursivamente nos separa una distancia muy grande, en términos más científicos, estamos diacrónicamente constituidos como dos esferas discursivas distintas, lo mismo que usted y un francés cuya única liga es la económica y que, curiosamente, está por llevar a España al mismo lugar que fue llevada Grecia. Por lo tanto, sólo un mexicano podría hablar de miseria del mexicano porque somos nostros los que hemos tenido el hambre de igualdad social que no ha llegado a doscientos años de independencia u cien de revolución; sólo nosotros sabemos lo que es saber secuestrados a nuestros padres, a nuestros hijos por una ambición que le debemos a una pobre imitación de los países capitalistas como las fuertes naciones europeas o incluso como los Estados Unidos. Nostros, los mexicanos sabemos lo que es tener suleo fértil y pobreza para trabajarlo y también sabemos lo que es tener dinero para trabajar la tierra y ver a los hombres tirar esas oportunidades a la basura por ambicions momentaneas. Nostros podemos decir miseria porque hemos despertado un domingo y salido a la calle a votar por un mejor día de mañana y hemos visto al anochecer de ese mismo día como los medios se burlan de nostros imponiendo, bajo criterios de obejtividad misteriosos, la mano fuerte y poderosa de un grupo ambicioso que no deja de venderle el país a cualquiera que pague por él (y nosotros los mexicanos no podemos hacerlo. Por cierto, la inversión sobre nuestro petróleo venía de España). Estos miserables mexicanos somos los que hemos visto a familiares morir en hospitales de pésima calidad por actos de mera negligencia y hemos visto a hombres terribles darse unos años más en la vida porque son capaces de pagar para no tener que esperar un donador de órganos compatible.

Señor Anónimo, disculpe que le llame así, pero es que usted no ha puesto nombre, usted no puede hablar de nosotros porque usted ignora y no puede conocer la vida qu ellevamos, porque si usted se para en México, estará en un país que no es el nuestro sino el de los visitantes y ese es uno muy distinto.

Y por cierto, debo mencionar que la revolución tampoco salió bien en el primer mundo, el asunto del capital se los sigue comiendo y va a terminar por asesinarlos, pero debo reconocer que permitió -no en todos lados- el nacimiento de la cumbre del pensamiento occidental, Heidegger o Hegel quisiera decir, pero para qué. Pero también la vejez que caracteriza al mismo pensamiento. Sin embargo, la revolución por la que clamo yo y quizá algunos junto a mi y más allá de mi y muchos más sin mi, es una revolución de la que usted no puede tener consciencia, es la revolución que decapite nuestros reyes y acabe con nuestros amos: los modelos capitalistas. Revolución que se construye en un hartazgo al que yo lamento que no hayamos llegado. Revolución sin armas -si usted quiere- pero con acciones. Revolución construida sobre una solidaridad que aún no podemos crear pero que cada noche soñamos con saborear. Una revolución -señor- que mate a nuestro padre cristiano para siempre y nos deje en la soledad que necesitamos para madurar. Ese es mi sueño y lo persigo día y noche.

Lamento decirle que usted no tiene derecho a hablar de la miseria de mi gente y mucho menos de la mía porque ella la vivo yo, en mi corazón cada día, en mi espíritu cada instante y tiene más que ver con la sequedad de la existencia, con la imposibildad de la presencia y con ese vacío que agujera el infinito y con él las certezas y la calma del que no duda. Mi miseria no es una miseria nacionalista, ese es sólo el dolor del hijo que no reencuentra el hogar en el que quizá nunca vivió. Mi dolor es otro, es algo que quizá usted no alcance a entender porque a veces ni yo lo entiendo, pero cómo se siente en su Cervantes o en Goethe y en Nietzsche (aquí es donde viene la corrección ortográfica) y cómo se siente en nuestro Gorostiza o en el Borges argentino y cómo huele en la Historia de la sexualidad o en el seminario Disolución, pero qué esfuerzo si usted se detiene a comentar un texto inútil publicado en una página infantil de un universo casi ten virtual como el sueño de un manjar característico del primer mundo; supongo que usted no es quizá lector de algunos de estos y que quizá pueda usted enlistarme un centenar de obras que sí ha usted leído (dejando en claro que leer no es siempre leer).

Es pues ésta mi respuesta a un comentario sin mayor fundamento que una emoción llena de ignorancia. En mi país yo pienso y acá pienso aunque trato de no hacerlo y en mi país yo sufro y -creame- es usted muy pobre al leer que me quejo de la vida, cuando mi vida ha sido fácil, tranquila, quizá casi regalada; no me quejo de la vida, me quejo de no vivir en un mundo mejor aunque está en las manos de cada uno hacerlo así. Me quejo de la falta de ímpetu que tienen mis compatrotas y de los prejuicios como el suyo que comienzan por hablar de la miseria del mexicano, precisamente hablando jactancioasamente en un blog que leen cuatro personas (con usted cinco). Y me quejo de los días que desperdicio respondiendo comentarios que no tiene mayor caso contestar.

Pobre aquel que vive pobre y pobre aquel que vive rico, los demás son los que caben en el mundo.

NO CORRIJO, MUERO DE SUEÑO

No hay forma de que sea diferente

Siempre que alguien avienta ropa habrá quien se la ponga

Thursday, February 25, 2010

... yo -en cambio- estoy en un circo.

Entrevista

Amigo, hubiera querido comentar en tu blog pero creo que mejor te dedico unas líneas acá. Debo reconocer que la grandeza que siempre he sospechado en ti no es sólo un pensamiento sino algo que me demuestras cada vez que produces algo que te apasiona (¿te has dado cuenta cómo la televisión ha ensuciado la palabra pasión? Ya me da vergüenza utilizarla). Tu entrevista: maravillosa. Un entrevistador debe ser eso, alguien que interpela al entrevistado, alguien que le dice: "señor usted debe seguir produciendo su obra aquí, en este momento, frente a mi, dígame más, hagamos de su obra una discusión, una enseñanza". Pero para hacer eso hay que conocer la obra y conocer el entorno y acercarse al medio y tú los has hecho bien; años de cine te han llevado muy lejos amigo y creo que tú mismo ignoras la distancia que has tomado. Pero no se trata de hacerte un halago, para eso está la ignorancia de todos aquellos que no puedan decir otra cosa más que "qué maravilloso trabajo haces". Nosotros somos amigos y sabes que este trabajo me enfada más de lo que me gusta porque eres un talento desperdiciado en un canal de televisión, en dieciseis años de sueños que te has esforzado por no concretar y que te has empeñado en achacar a otros. Pero tampoco escribo para decirte lo que seguramente te dices cada día, te escribo porque estoy impactado por la línea cineástica que llevas, has desarrollado un gusto por dejar de contar historias y has empezado a pensar en cómo contarlas y creo que eso es grande, creo que eso se llama revolución y tu país no lo va a notar jamás, necesitas uno con tradición en el cine y Francia, aunque no te guste, es una opción. Es impactante cómo puedes leer en ese hombre la capacidad que has adquirido de observar la dificultad de retratar en el cine lo muerto, no los hombres sino su contexto, su discurso dirían algunos, su historia diría foucaultianamente yo. Es sorprendente cómo has podido decir tantas veces que la dificultad del cine es poder decir de una manera que ya no se usa más o decir de una manera que nunca se ha dicho, quizá incluso no decir sino ejecutar más allá de lo ejecutable y es por eso que tú sí puedes odiar algún cine, el que mata al cine y es por eso que tú sí puedes comentar una película y es por eso que tú sí puedes dormirte en otra (cosa que además no haces porque trabajas en todo momento). Amigo, no es grande la manera en la que hiciste la entrevista, eso es lo menos que debería hacer un buen entrevistador y de esos hay muchos; es grande que hoy seas capaz de una entrevista tan exquisita y capaz de enseñar tanto en unas simples preguntas, porque para los que no sabemos de cine tus preguntas nos han dado una lección, porque produjeron respuestas de un hombre que HACE cine. No sé si te has dado cuenta pero tu entrevista es una gran lección que podría tomar cualquiera que se diga amante del cine y me enorgullece que estés en un punto en el que seas capaz de eso.

Diario de campo 21 - En respuesta

... es más bien que en México soy alguien. En los últimos años he sido demasiado alguien como para poder librarme de mi. Es por eso que vine a París, poco tiempo porque soy un cobarde que no se atrevió a dejar todo atrás por un buen tiempo, pero suficientemente necesitado de dejarme atrás como para tomar un pequeño riesgo: acá no soy absolutamente nadie. Casi nadie me conoce y en donde vivo piensan que llevo algunos días por aquí; soy malísimo en el idioma así que ni siquiera puedo ser un conversador como lo soy en México. Aquí no soy ni psicoanalista (creo que en mi país tampoco, pero de eso trabajo), ni profesor, ni conocido, aquí soy nadie. Pero esto es lo que me gusta, estar en un lugar sin mi, sin pasado, sin futuro, cortado del tiempo, de la línea que me marca, que me sigue y que me lleva; acá no tengo horarios ni obligaciones, salvo hacer los pagos correspondientes del alquiler, el transporte y la comida, pero ese dinero es seguro. Sin embargo, acá soy nadie o quizá el mexicano o el de la habitación 207, jogue como me dicen los franceses, pero nadie más. No soy quien escucha a nadie, quien tiene una cita puntual a las nueve y otra a las cinco y los miércoles toda la tarde; no soy el que está cada sábado en un seminario para el que a veces me da pereza prepararme; no soy el dueño de donde vivo, es más, ni siquiera el que tiende mi cama. No soy más que un poco de viento que pasa invisible ante los ojos de un millar de personas que están tan acostumbradas a los extranjeros que ni mi color ni mi cabello ni nada en mi figura les llama la atención. Me visto como ellos -quizá- me hago invisible, pago mi transporte, bebo poco, aparezco rara vez en la cocina cuando hay mucha gente, me cayo, no opino: la revolución me espera en mi país, aquí no, aquí soy indiferencia para todos, un hombre sin lazo que goza de la extrañeza de todo y de todos, para quien cada suceso es nuevo, feliz, único, maravilloso, excelso. Nadie por unos meses. Sin mi, principalmente sin mi. Por eso vine aquí y por eso no quiero, me niego a hacer práctica clínica en París, no vine a trabajar, no vine a hacerme soporte de otra vida, vine escapando de eso. Vine, vine a callarme, a aprender a guardar silencio, a escuchar, a observar, a aprender. Vine como alumno y no quiero más responsabilidad que la de callar, experiencia que para alguien como yo es demasiado, es un esfuerzo, porque como lo dijo mi hermano algún día "cuando abras la boca ya nadie te podrá callar", pero hoy quiero ser silencio, que sus palabras se hablen en mi y no las mías ahí, que mi voz sea una promesa y no un muro, que mi fuerza aquí no exista, que mi audacia se mantenga en la penumbra. Que hablen, que me hablen, que se hable, que ya tendré una vida para decir, pero poco tiempo -cada vez más poco tiempo- para callar. Que París sea mi escuela y mi silencio mi cuaderno, que mi alma se transforme en sus decires y que regrese nueva a mi país para que un día pueda volver y decir "yo he sido tocado por francia y éste es el resultado". Pero hoy: silencio.

Poesía

... y nada más pesado que esta imagen

Poesía

Nada más difícil de sostener que un prejuicio.

Wednesday, February 24, 2010

Poesía

Fuego en los ojos, ardor en el alma, revolución -Grita.

Poesía

Libertad cadena. Capitalismo.

Monday, February 22, 2010

Poesía

¿Y si sí?

2005

qué año tan más productivo para este blog

Diario de campo 20 - ¿Racismo?

No me agrada que el post que llega a la segunda decena de textos de viaje sea un texto triste, sin embargo hoy ha sido un día un poco gris y supongo que tendré que hablar de ello, así que a falta de amigos o psicoanalista no me queda más que confiarme al único espacio propio que me queda.

La porte est fermé
(no corregiré la ortografía francesa)

No sé si se trata de un asunto de códigos, el hecho es que para ir a un concierto acompañado no sé qué debo hacer, pareciera que a nadie le interesa o que cuando invito a alguien le estuviera ofreciendo droga o sexo, el punto es que no he logrado hacerme acompañar a un concierto. ¿Asunto de códigos? ¿o será que simplemente estoy feo? pero es que ni hombres ni mujeres parecen interesados en esos eventos.

Códigos parece ser la respuesta: si estás en la mesa no le ofrezcas de tu comida al de junto, menos si es chica, ella piensa "cuántas atenciones"; si estás en el metro no le des el paso a un señor que va a salir antes que tú, te verá con ojos de "¿este pinche alien?" y se reirá del estado de minimización al que uno se reduce por un gesto de "cortesía"; mucho menos mires a los ojos de alguien en el transporte público y sonrias, es una estúpida falta de respeto a la intimidad y la respuesta es, casi siempre, hostil. No le digas a tu vecina arquitecto -aunque sea a la única persona a la que le hablas en la casa- "es mi cumpleños, quiero ir a algún lugar un rato, ¿quieres ir?" porque de verdad que le parece una invitación.

Códigos. Hoy me siento tan fuera de todo código que pareciera que no puedo acercarme a una sola persona, que no puedo platicar con nadie, sin parecer anormal. Siento como si la puerta entre todos y yo estuviera completamente cerrada y todos tuvieran una llave menos yo. Aunque debo reconocer que siempre me siento así en el mundo, sólo que en mi propio país le sé más o menos el modo al mundo y, por lo menos, domino el lenguaje a la perfección, tanto que hasta soy chorero.

En fin, hoy estuve durante un par de horas en el metro, con una compañera italiana muy simpática y, principalmente, paciente; intenté hablar en francés, creo que lo logré un poco más pero me pesa demasiado la demás gente, no sé si es por una serie de sueños que he tenido o porque simplemente la segunda experiencia que quiero relatar hoy me ha venido a caer encima como un piano en la cabeza.

Del racismo

De ninguna manera podría decir que he sentido algo de racismo en París, de hecho hoy me enteré que existe una ley que prohibe pedir la nacionalidad como dato general a una persona cualquiera -las multas son monstruosas para la institución que se atreva a hacerlo- si acaso lo que he notado es que hay gente que no tiene la paciencia para escuchar el francés malo de uno y que inmediatamente empieza a hablar inglés, pero no es el común. Aún así, hoy tuve una experiencia un tanto fuera de lugar que me dejó con un muy mal sabor de boca.

Como es obligatorio la directora de la casa en la que vivo me citó para entrevistarme con ella; dice que porque es importante conocer a cada persona que se encuentra viviendo en una casa tan pequeña como esta.

Muy cordial y matando mi prejuicio sobre la puntualidad suiza -apareció cerca de diez minutos después de la hora pactada, a la que yo asistí con la puntualidad mítica que esperba observar en ella- aparece pidiendo una disculpa por el atraso (que es verdaderamente de mes y medio) y con mi expediente en la mano. Me habla en francés y contesto lo mejor que puedo, aunque debo reconocer que me pongo muy nervioso cada vez que hablo con alguien que me coloca en algún lugar jerarquizado (aunque aquí no me siento tan así) y depués de un par de frases yo le digo I prefer to answer in english a lo que ella responde all right amablemente y dice I learned spanish a couple of years ago but I forgot y yo no hago sino sonreir y decir you can practice a lo que finalmente responde con una frase que no me resultó oscura sino hasta después Yes I must go to southamerica someday. No más, la conversación fue acerca de la casa y lo que me gustaba de ella y de cómo había pasado mis primeras semanas aquí, a lo que yo siempre dije que estaba muy agusto porque el ambiente era muy relajado y amigable.

Pero, en algún momento me preguntó por lo que extrañaba de mi país y no pude sino decir lo único que verdaderamente extraño: el sol; finalmente ella responde I know in southamerica is different, there is always sun. A partir de ese momento nunca más habló de México sino de sudamércia, lo que mer resultó muy chistoso hasta que nos despedimos y se fue. México no es sudamérica, quizá latinoamérica pero sudamérica jamás. No es que me moleste que nos mezclen con la gente del sur del continente o como decía la colombiana, con la gente del centro del continente; es más bien que pienso que es un poco grosero meternos a todos parejo en un costal y decir sudamérica como si fuera exactamente lo mismo. Es cierto que nosotros decimos Europa para referirnos a todos ellos y a veces hablamos de norte o este de Europa para hablar de colores de cabello o de ojos, pero decimos Europa para referirnos a un continente y ella no dijo América, dijo sudamérica y ese no es un continente, es la parte sur del continente americano. Quizá estoy pensando incorrectamente y es una cuestión de percepción, pero, al decir sudamérica de México para abajo incluyendo, quizá, a todos los hispanoparlantes del continente, la mujer demuestra, primero que nada, jamás haber visto con atención un mapa del mundo y de nuestro continente; además deja en claro que norte américa estaría representada por los países arriba de los estados unidos, lo que me parece una división un poco ignorante porque acá incluso tenemos un tratado comercial muy importante entre tres de las naciones norteamericanas; tercero, creo que la distinción se apoya en dos aspectos comunes: nuestro aspecto y nuestra lengua, lo que al final no me hace sino pensar que todo esto es un asunto de racismo (no hablo del racismo asesino, pero sí de un caso de segregación racial al que le acompañan cualquier cantidad de consecuencias, pero que principalmente se funda en la ignorancia).

Ahora, quiero dejar en claro que a mi me caga la amadre latinoamérica, nuestros gobiernos y nuestras historias de atropellamientos, abusos y excesos; mi país me enfada más que ningún otro lugar sobre la tierra y yo soy el primero en decir que sin muchos mexicanos (empezando por el presidente y acabando por Juanito) el mundo sería mucho mejor y lo mismo pienso de muchos centro y sudamericanos, pero yo vivo ahí, crecí ahí y conozco en lo que estamos metidos, la miseria que nos caracteriza y la monstruosidad en la que nos ha convertido nuestro equivocado ensayo de capitalismo occidental. Yo no hablo con ignoranica -aunque sé que no tengo más que eso- hablo con un poco de expriencia y con lo poco de criterio que he formado al no conformarme con lo que me vende el pensamiento corriente en mi país. Me parece que esta vez sí me opongo a la palabra sudamérica viniendo de alguien que parece no pensar que tenemos historia, que tenemos diferencias y que tenemos guerras que pelear y ganar o perder individualmente antes que juntos. Me opongo a que nos amarren en el mismo manojo a todos porque esa maldita generalidad, esos ojos tan cerrados son los que hacen que ellos jamás vengan y jamás conozcan nuestros países (por más que gasten millones de euros acá) y que por eso los tratados económicos y las políticas exteriores sean tan desfavorables para nosotros que, por nuestra estructura ambiciosa y pobre a la vez, aceptamos sin queja ni más.

No tengo nada en contra de la señora, de hecho ha sido amable y diplomática conmigo, pero creo que no está bien que estemos tan mal que no hayamos hecho que el mundo entero sepa quién es México o quién es Brasil o Argentina en sus particularidades históricas y no lingüísticas. No amo américa latina, pero tampoco amo la ignorancia y no soporto un discurso que se construye sobre ella porque más allá de esta mujer hay mandatarios y empresarios y cualquier cantidad de hombres poderosos que, aunque levanten sus leyes y banderas contra el racismo no saben que las políticas incluyentes no son más que la continuación de la guerra, de la conquista y de la colonia. Ellos y la guerra no han cedido, sólo han cambiado sus campos pero la lengua de esa mujer y la lejanía que existe entre algunos habitantes y los migrantes me han mostrado hoy que seguimos escuchando y olfateando un discurso que hace siglos comenzó a habalrse.

De las disculpas

No soy nadie para hablar así, soy ignorante en todo sentido de lo que son y hacen los países tanto europeos como latinoamericanos, sólo digo lo que escucho, lo que veo y, quizá, sea bueno para leer detrás de los discursos o quizá sea un miserable mexicano ardido con una sola persona que igual ni es ella. Sólo que alguna vez he leído a Michel Foucault y él dijo que al política no es más que la continuación de la guerra.

Me disculpo por las mañosas mayúsculas y minúsculas que utilicé en el texto y espero que teatralmente aparenten el síntoma que me embarga el espíritu hoy.

Me disculpo porque no sé desde dónde hablo, es quizá desde una inmensa ignorancia, pero al final sé que esto lo leen muy pocos y que mis palabras no llegarán a ningún lugar.

Diario de campo 19

Nassau, son las 12 de la noche,
le quito la capota, enciendo el coche.
Hace anos que no llueve en las Bahamas
precisamente hoy le ha dado la gana.

Nassau, es la una menos 10,
le pongo la capota y deja de llover.
Parto un coco y por dentro esta podrido…
Que hare yo aqui, para que habre venido?

Esta mañana, me ha dejado mi novia hawaiana
y yo me pregunto, que coño hare yo en las Bahamas?
Se me jode el coche, me deja mi novia,
me mareo cuando subo a la noria,
no estoy moreno… Estoy quemado
y los mosquitos me han destrozado.

Tengo la espalda como el culo de un mandril,
la chica del anuncio no esta por aqui.
Mucho rollo con los limones del Caribe
y luego llegas y de milagro sobrevives.

Con lo bien que estaba yo en Madrid,
con mi zumo de pina y mi casita gris,
mi chalecito en Navacerrada,
todo el tiempo libre… nunca hay que hacer nada.

Esta mañana, me ha dejado mi novia hawaiana
y yo me pregunto, que coño hare yo en las Bahamas?
Se me jode el coche, me deja mi novia,
me mareo cuando subo a la noria,
no estoy moreno… Estoy quemado
y los mosquitos me han destrozado.

Sunday, February 21, 2010

Diario de campo 18 - No, no, no

...no quiero regresar, de verdad no quiero regresar, acá me la paso muy bien, ¿Qué voy a hacer si vuelvo? ¿Cómo me voy a volver a subir al metro? y ¿Qué voy a hacer sin tanto jazz y sin tanto cine y sin tanta gente que piensa mucho? No me quiero regresar, de verdad no quiero volver.

Sin embargo, no me queda más que respetar a un país que se cuida de refugiados parásito y debo encontrar algo que ofrecerle.

Pero hoy no quiero regresar, el aire es limpio y la gente es amable y la comida es buena y todo parece estar hecho para la gente que sabe amar un gusto y llevarlo hasta el final.

París es muy bonito, muy bonito, no sé cómo voy a vivir sin esta ciudad...

Diario de campo 17 - Are we human?

... I'm just dancer.

Friday, February 19, 2010

Your mornings will be brighter
Break the line
Tear up rules
Make the most of a million times no

Thursday, February 18, 2010

... o tal vez quien deba irrumpir sea yo.

¿Por qué no agarra usted su caballo, su escopeta y su gente e irrumpe en la ciudad? Sabe que lo seguiría...

De la escritura

A veces parece que el mundo no es más que un texto que está escrito desde hace mucho tiempo, hace tanto que ya ni se recuerda quién o quiénes lo escribieron, pero cada línea se conserva intacta a pesar del paso de los años y de las lecturas. A veces parece que cada palabra tuviera un lugar en ese texto, que cada una estuviera en su sitio, asociada a otras que se asocian a ella y entre ellas, hermanadas en comuniones perfectas, impecables, sin sentidos que no buscan nada, que se mantienen en la eternidad de su escritura absoluta. Como si cada línea, cada palabra, cada letra tuviera su lugar, su espacio absoluto, su posición y sus relaciones; escritas todas para algo y en un orden. A veces parece que ese texto es tan hermético y que a mi no me tocó ningún lugar en él, que mi destino parece igual de sellado que el texto mismo, condenado a no creer en el sentido y a nunca pertenecer al texto, testigo eterno de la simpleza de la vida y de mi incapacidad para pensar que la vida es simple.

Tuesday, February 16, 2010

Diario de campo 16 - De un país que confía en sus jóvenes

Mi amiga Camille se fue a hacer una estancia en Chile; ella es francesa, parisina, su país le permite y, de hecho, le obliga a hacer estancia de trabajo en algún lugar en el que pueda desarrollar su experiencia uiniversitaria. En su país hay instituciones que se encargan de genrar y ofrecer ese tipo de actividades a los estudiantes quienes únicamente de acercan y realizan un par de trámites muy sencillos. Evidentemente no reciben remuneración económica por eso pero su país confía tanto en ellos que los bancos se pelean por otorgarles créditos para soportar estas temporadas de trabajo que suelen ser en otros países (dicen los franceses que los viajes forman a la juventud); estos créditos son, para gente del tercer mundo como nosotros, billetudísimos e impensables incluso para gente de clase media como la mía. A ella el banco nadamás le prestó quincemil euros que usará para su estancia y para instalarse a su retorno de Chile (cabe aclarar que ella apenas cumplió veintidós añitos. Lo mejor de esto es que por ser estudiante se hace acreedora a tres cosas: la primera es que tiene una tasa preferencial del cuatro punto dos porciento de interés anual; la segunda, que por la misma razón ella empezará a pagar dentro de dos años, cuando regrese, se titule, se establezca en un lugar y comience a trabajar; la tercera es que cuando ella esté establecida el gobierno le dará hasta doscientos euros como apoyo a la vivienda y mientras no tenga 25 años seguirá recibiendo la tarifa reducida en cada lugar que viste. Por estas razones ella, Camille puede dedicar tiempo completo a estudiar, a cultivarse, a dedicrse al arte, a divertirse y a viajar, porque ella es joven y si lleva una buena juventud tendrá una buena edad adulta y servirá a su país y a su gente. Nosotros en cambio somos esclavos de una nación que mantiene a centenas de parásitos em,pezando por nuestros gobernantes y terminando con nuestras instituciones bancarias que si bien nos va nos cobran el sesenta porciento anula de un prestamo que seguramente nunca acabaremos de pagar. Estudiar para nostros y sólo estudiar es un asunto de ricos y viajar un asunto de mochileros o adinerados, pero vivir para nosotros en la juventud, para vivir una vida bonita y luego ser adultos confiables es un sueño que está más que lejos de nuestras manitas y ni tú ni tú y casi ningún estúpido mexicano se harta de esto y por eso mi sueño de meternos a hacer pedazos los bancos y a vaciar sus bóvedas, de irrumpir en San Lázaro y sacar a esa bola de mantenidos y de aventarle no uno sino miles de zapatos al presidente nunca, nunca va a pasar. Porque ya lo dije antes: tiene frío el que quiere no tenerlo, tiene hambre el que quiere no tenerla y tiene falta de justicia el que quiere no tenerla y tiene una mala vida el que quiere no tenerla y yo noquiero tener esta vida y por eso me quejo todos los días porque no he visto a nadie agarrar un palo o una cacerola y marchar a mi lado contra la opulenta familia presidencial y cohorte.

Sólo una vez lo voy a decir en mi vida

Perdón por el año pasado, de verdad no sé qué estaba pensando...

Saturday, February 13, 2010

Diario de campo 15 o ¿Rugby? o Del sueño europeo o Grimbergen o desde el alcohol

Después de una buena noticia referente a lo económico supe que hoy podría hacer dos cosas: comprar un libro y comer algo de verdad (mis mejores comidas acá han sido invitado a casa de algunos conocidos parisinos) así que, después de perder toda la mañana haciendo absolutamente nada, me comí un par de sandwiches de atún para agarrar energía, un vaso de leche y mi acostumbrado plátano mañanero y salí a menos de cero grados a las calles parisinas tapizadas de hielo. El RER como siempre frío y un poco tardado, pero una vez arriba lo demás siempre llega solo. Notre-Dame es la estación y el punto referencial para encontrar tanto el camino a casa como la librería de historia antigua que estaba yo buscando. Salí mal del tren y salir mal del tren acá significa varias cuadras y varias medias horas antes de reacomodar el día, pero afortunadamente las cosas salieron así. Después de caminar un rato encontré el famoso Pantheon que resulta ser una ocnstrucción imponente que no hace sino mostrar la insignificancia que termina siendo uno frente a la historia arquitectónica de un país como Francia; en fin, para mi desgracia el lugar estaba cerrado sólo por hoy y me tuve que ir con un par de fotografías del exterior y un frío insoportable. Así pues, tomé la calle por la que llegué pero en sentido contrario, desde ahí se podía ver la otra majestuosa construcción a la que debía ir antes del anochecer. Después de un poco de camino encontré un lugar repleto de banderas que decían Guiness y mi antojo cervecero se espezó a alborotrar, más porque el interior del lugar parecía sacado de una película oscura donde cualquier protagonista se pierde en un momento crítico de su historia. En fin que mi antojo no me alcanzó a quitar el miedo que me da entrar a un lugar nuevo y probar mi malísimo francés, así que decidí alejarme no sin titubear un par de veces diciéndome: "busca el libro, si lo encuentras regresas". Y así fue, aunque empezaba a tener hambre, dediqué los siguientes minutos a buscar la librería que en algún momento había visto hacía ya casi un mes. Después de algunos minutos de caminar y esquivar centenas de gaviotas (si es que eso eran esos estúpidos pajarotes) que se la pasaban cagando a cuanto turista veían, logre reencontrar el solitario camino hacia la librería. Por fin estaba dentro, ya sin frío y madame X me atendió tal como la otra vez: con cara de "odio a los extranjeros pero oh, este muchacho va a comprar, habrá que sonreir"; entonces el libro, del que ya quedaban sólo unos pocos ejemplares, pasó a mis compradoras manos y me pintó la cara de alegría: un libro de muertos prehistóricos e históricos. Y mi profesora de arqueología decía que no había. Afuera del lugar mi cabecita dijo: "Tú lo prometiste -chavo- CERVEZA, quiero una Grimbergen y una Kronemburg y lo que sea". Entonces no hubo más que apretarse un guevo (con h se rompen) y redirigir mis mexicanos pasos al lugar que, por alguna extraña razón, memoricé como si estuviera en coyoacán. Pues con el mismo valor que caminé me metí y me encontré el paraiso: decenas de hombres vikingos bebiendo cervezas de colores, sentados al rededor de una televisión que transmitía un juego del deporte local por excelencia, el rugby. Deporte más raro porque no es más que una orgía de fuerza entre algunas decenas de hombres mamadísimos que terminan sangrando y amontonados unos sobre los otros en una violencia con un tinte de cachondeo homosexual. Jugaban Francia contra Irlanda y, por lo que vi, el equipo de los locales masacraba a los que habían puesto la cerveza en sus mesas. Poco asustado, pero lleno de testosterona, pedí una Grimbergen, por mucho la cerveza más rica que he tomado en París, pero eso sí, con la aclaración petit s'il vous plaît y vi la cara del chico de la barra: est-ce que tu es une femme? (espero escribir bien). Pues tome mi homosexual cerveza y busqué el lugar adecuado, a la mitad de todos esos machos que gritaban y aplaudian a un montón de jugadas que a mi me parecían idénticas y homosexuales. Pero ahí estaba, metido a la mitad de los hombres que aman un deporte. Unos tragos más tarde se había acabado mi bebida y yo no podía quedarme así, en la mesa de enfrente había tres chicas que eran todas novias de un tipo cualquiera (todas del mismo) que habían bebido más que yo en la media hora que tardé en acabarme mi cerveza. Entonces me levanté -como un caballero- y caminé hacia la barra (ya estaba mareado) y pedí una cerveza; pero yo quiero una brune, algo de hombres diríamos en mi país. Y ahí estaba, más barata pero negra como mi espíritu, Grimbergen brune, ¡ah! el cielo. Tomé mi homosexual copita, después -claro- de que el tipo me dijo con una sonrisa maliciosa: petite? y me sirvió mi dosis de niña (por cierto y para todos mis amigos: en la barra tambien atendía una chica en faldita y mallas, con dos colitas, que medía como seis metros y medio, un ejemplar fascinante de vikinga que me daba más miedo que un ladrón mexicano, pero muy, muy, muy güera y muy guapa). Al final tomé mi copita y caminé a mi viril posición junto a la tele, a escuchar una y otra vez el rugir de los hombres gritar Allez, allez y entonces me sentí muy bien, borracho, pero bien, estaba como en casa, mejor que en casa, estaba donde me gustaría tener una casa. Mi cerveza duró media hora más y mi mareo se mantiene hasta ahora. Después del último trago revisé que mi tarjeta del transporte, mi celular y mis monedas siguieran en su lugar, me abotoné el abrigo y salí de ese lugar medio tambaleante y muerto de hambre, con ganas de volver y gritar Allez. El resto del camino sólo sé que lo pasé lleno de no sé qué cosa que me hace querer morir en este lugar.

¿Quién carajo quiere regresar a ese pinche país?

Diario de campo 14 - Un bon lieu pour habiter...

...et un bon lieu pour mourir.

Thursday, February 11, 2010

Del comedor a mi casa

MaPa

¿Qué pasó aquel día? Porque existe un aquel día, aquel día que ya no fue más como los demás, aquel día que el constante equilibrio que permitía vivir con tanta seguridad se había roto, aquel día que uno de los dos dijo no más. ¿No más qué? No importa, porque no era una vida de intensa violencia, no había golpes ni humillaciones, por lo menos no como dirían en los tribunales que no debe ser; tampoco era una vida de pobreza, siempre había comida en la mesa y dinero para comer incluso fuera de casa, había dinero para pagar empleados, tres en casa y casi una veintena en el negocio, no fue por dinero. Sin embargo, hubo un día que uno dijo ya no más, ya no más de esto que soy aquí, quiero ser otra cosa, quiero ser lo que sueño ser o quizá quiero ser lo que fui o tal vez quiero ser lo que estaba en mi destino ser, el punto es que de esto ya no más. Y ese día se pudo soportar como ningún otro en veinte años, ese día dijo -aunque ese día no lo cumplió sino muchos días después- es el último día de esta vida y así fue y hasta hoy se sostiene en ello.

Pero ¿qué pasó después? o ¿qué pasó ese día? Concretamente no sé si podría decir exactamente lo que pasó, ya casi duplicamos el tiempo en que pasó, ya se ve tan lejos como la infancia se veía entonces y creo que ya puedo, que ya quiero hablar sin hablar de las consecuencias que trajo para mi ese acto. Creo que hoy puedo hablar de lo que pasó, si es que algo pasó.

Aquel día todos sabíamos que lo inevitable era inevitable porque ya había sucedido, ella había tomado su camino, lejos de él o lejos de ellos o más bien lejos de lo que ella era hasta ese día, más cerca de ella tal vez y sin ellos, nunca más con ellos y quizá por eso dolía tanto saberlo, ya había pasado, no se podía frenar lo que ya en su corazón había terminado con toda liga a su acabado presente y tal vez por eso se le lloró tanto y tanto, unas veces en silencio, otras veces con escándalo; no había remedio, ella se había ido aún antes de aquella tarde que ya no estaba más donde siempre y donde ya nadie estaba más en su lugar.

Los entonces jóvenes no importan más en la historia porque al final recibieron la oportunidad de aprender a dejar atrás, si no lo han hecho es porque quizá falta valor o quizá faltan herramientas, cada uno decidirá por cuánto tiempo más. Pero de aquella pareja sí quedan restos, costales de huesos que aún se pueden leer, que aún pueden hablar desde su incompleto enterramiento y de ellos quiero hablar, porque en ellos he pensado tanto en la soledad de mi habitación mía.

Esa tarde abrí la puerta, había un pequeño ser humano tendido a lo largo de la cama, pequeño, más pequeño que nunca, infernalmente pequeño, boca abajo, hundiendo su invisible rostro en el vacío de una almohada que no se podía llenar con tantas lágrimas que brotaban de sus ojos por primera vez en por lo menos dieciocho años, pero quizá en una vida, en una completa vida. Ahí estaba, él, tendido, derrotado, sumido en un dolor que lo asfixiaba, ella lo había asesinado, no como padre -ese es nuestro trabajo- no como hombre, como ser humano; estaba tendido en su cada vez más inmensa cama, en su cada vez más vacía habitación, tendido gimiendo como si decenas de verdugos le arrancaran la piel con las manos, gritando como si los únicos oídos en todo el universo se hubieran marchado a una distancia inalcanzable, como si Dios mismo se hubiera retirado del lugar dejándolo sólo, sin alma, sin él.

¿Que si se me partió el corazón esa tarde o mejor en ese instante? Sí, se derrumbó todo aquello en lo que había creído siempre, se acabó toda la fuerza y la confianza que alguna vez era mi refugio, me quedé sin casa, me quedé sin familia, me quedé si esperanza y en el mismo acto sin Dios, sin padre y sin madre, pero con la vida por delante y sus huesos, los de ambos, en una bolsa vieja que tendría que enterrar alguna vez -hoy todavía no.

Pero no importa si mi corazón se despedazó ese día, no importa si en ese instante me volví un extranjero en mi propio país y en cualquier otro también, porque apenas eran dieciocho años, faltaban todos los demás, faltaba intentarlo al menos una vez. Lo que importa es lo que pasó con ellos y es la razón de que hoy piense en ellos como hacía tanto que no hacía o como quizá nunca había hecho.

Hoy he pensado en ese día porque ese día fue el día que él se quebró, el día de ella había llegado semanas antes, lo demás había sido tiempo para reunir fuerza y seguir su decisión que se anticipaba un poco, pero él se quebró ese día y lo que le pasó fue distinto, su destino pareció sellarse en el rostro que perdió en el fondo de esa almohada que aún hoy lo refugia lejos de sí y de todo.

Ella decidió o quizá la decisión se tomó en ella y sin ella o más allá de ella y ella no se derrumbó porque al parecer ella tenía un destino que hoy cumple con rigor, con meticulosidad y con un sacrificio que parece extasiar toda su vida. Después de ese día su vida ha sido accidentada, cruel, monstruosa en muchos momentos, tensa en otros, feroz en muchos más y angustiante casi siempre, cansada y sin descanso serían las palabras adecuadas, pero ella no cae, ¿por qué? Porque ese día ella también empacó su vida, a hurtadillas también guardó lo que ella y todos eran en su edificación familiar, eso guardó, quizá en una maleta o en una caja o en una bolsa o en su corazón, nunca he sabido dónde. Empacó y se llevó su vida y por eso no la perdió, porque la tiene, se llena de recuerdos de ella, de los lugares que frecuentaba, de los viajes que hizo, de la ropa que tuvo, de los sitios que conoció, de la casa en que vivió, de los manteles que ensució y lavó, de las ventanas que decoró, de las navidades en las que se enorgulleció, ella tiene el placer de haberlo hecho y no necesita nada más porque ella sabe no mirar atrás. Ella aún tiene un esposo y dos hijos, los lleva puestos, amarrados en el alma, en el brillo perdido de sus ojos, en sus conversaciones, en su religión, en el odio que siente por aquel viejo hombre al que aún ama como siempre, en su casa que compró y decoró como aquella que alguna vez construyó y decoró, en lo que conserva y en lo que atesora ¿ella perdió? No, ella no sabe perder, porque ella sabe seguir el camino sin pensar y aceptando cada piedra, cada río, cada colina aunque ésta sea muy pronunciada, acepta y marcha y marchará hasta el último día porque ella no sabe cansarse porque ese es su destino.

Pero él es diferente, porque el fue tomado desprevenido, ciego, aún no despertaba cuando todo había sucedido, el bombardeo, cuando alcanzó a abrir los ojos ya no tenía casa, ya no tenía muebles ni pasado ni amigos ni dinero ni esposa ni alma, le habían arrebatado todo en un momento. Él estaba seguro de vivir esa eternidad por siempre y en un instante ya no había nada, ni siquiera un pasado para refugiarse porque su orgullo era su eternidad y no su pasado, porque él pensaba que sería así por siempre, porque era ciego ante la desgracia y sordo ante los anuncios, porque él pensaba que sólo tenía que soportarla para tener la misma vida siempre -qué equivocado estaba- creía que la odiaba pero que estaría con ella hasta la etrnidad, porque no se atrevía a dejarla porque no tenía a dónde ir, no tenía otra cosa qué hacer. Él era viejo desde los doce años -reza la historia que él siempre cuenta- ¿qué podía hacer? ¿a dónde ir? Por eso se acostaba durante horas a sujetar el único control que le quedaba, el de la televisión para no ver nada, para no oír nada, para dormir esperando el día de su muerte. Pero la muerte le llegó antes y lo dejó vivo pero sin él, sin la única certeza que tenía, la de su infelicidad y entonces lo perdió todo porque nunca tuvo más que el malestar con el que se movía cada día, lo perdió todo y se perdió en todo y por eso, desde entonces, su vida es un teatro de sí, una escena de la angustia que le ocasiona el haberse perdido para siempre, el haber perdido el único camino que conocía y que parecía ir a un lugar seguro: la muerte. Pero perdió ese camino y ya ni siquera sabe cómo llegar a la muerte, el día que no lo dejamos matarse o que le tuvo miedo a matarse perdió la única salida verdadera que le quedaba, hacer de ese día el final de su camino, tal y como siempre lo había creído; al no morir ese día no tuvo más que perder el camino y perder el alma y por eso el está tan vacío como su casa que se derrumba como huella de ese viejo derrumbe, tan olvidado como su habitación que huele a cementerio (¡ay oídos qué escuchan!), tan lejos de sí como ella de él.

Ella se lo llevó todo, el lo entregó sin pelear, por eso hoy vive con un remedo de ella a un costado y con una barata imitación de una vida que no es capaz de resucitar. Quizá esto es lo que es, quizá esto es lo que yo quiero ver o lo que yo quiero que sea, no sé, pero hoy escribo esto porque pensé en ellos mientras estaba en un tren, pensaba en el miedo y el dolor que me causó estar aquí sólo lejos de todo y de todos, pero principalmente pensaba en alguien más.

Wednesday, February 10, 2010

Diario de campo 13 - No tan gris

Llevaba dos días vivendo en pecado y no por vivir con una chica con la que no me ha reconocido Dios sino porque los dos días anteriores había comido como perro: con agua; es decir que lleveba dos días sin cocacola y eso es muy, muy malo.

Hoy me desperté, igual que ayer con mucha dificultad, con un sueño espantoso e insoportable apesar de que el día anterior había decidido dormir a la una de la mañana (temprano para mi). Quizá es porque estaba muy nervioso por mi primera entrevista en el centro Minkowska o porque mi cuerpo ya se está cansando de no comer, pero me fue muy difícil despertar esta mañana; lo intenté desde las nueve hasta las diez con trece minutos que la chica de la limpieza abrió la puerta de la habitación de al lado.

Al asomarme por la ventana unos pequeños puntitos blancos se veían por doquier: nieve. Sé que esto podría parecer feliz para todos los que la nieve la conocemos con sabor a limón o en caricaturas como Bell y Sebastián, pero acá las cosas no son para nada felices. En primer lugar la temperatura desciende horrores y el aire se vuelve gélido, como si se estuviera viviendo en el departamento de salchichonería de un super, encuerado además; luego el aire se hace más delgado -supongo- porque es muy difícil respirar, hay que jalar más para que entre y además al hacerlo es como si se respirara agua por todo el hielo que hay en todas partes. Para acabar con el asunto el aire es tan fuerte que los estúpido hielitos cortan la piel de la cara, son como agujitas que pican por miles (y sin embargo es un espectáculo sublime).

Eran las dos de la tarde, tenía que estar del otro lado de París a las tres (en este país he sido la persona más puntual del mundo, pero en parte se lo debo al metro que es maravilloso) en un centro que ni sabía bien a qué se dedica, sólo era una recomedación de un hombre al que le tengo mucha confianza y que creo que confía en mi. En fin, estaba en el centro al cuarto para las tres con un miedo impresionante, era mi primera entrevista y tenía que hacerla en francés, idioma que estoy muy, muy lejos de dominar; afortunadamente pude explicar, preguntar, saludar y decir "Yo no compré pan francés" y con eso el inglés apareció al rescate y luego apareció una chica española muy simpática a rescatarme todavía más: Wara, además nombre como de guerrera o algo así.

Pues al final de todo resulta que soy investigador asociado au Centre Minkowska y que empiezo a trabajar desde mañana, claro, sin dinero de pormedio pero me dice el doctor "pero puede usted estar en todas las actividades de enseñanza del centro completamente gratis", ¿qué más remuneración podría yo pedir?

Cuando salí de ahí ya no caía tanta nieve y parís parecía tener un poquito más de color y el aire parecía entrar un poquito mejor a mis pulmones y como que hasta me empecé a sentir un poquito más alto y aunque no es muy fácil dejar los pies fijos en el hielo compactado en las calles, caminé bajo una radiante gana de trabajar en París...

Monday, February 08, 2010

Diario de campo 12 -Tesis

Estoy suficientemente lejos como para estar casi todo el día solo, excepto cuando empiezo a hablar con alguien por internet y luego con alguien más y se me van dos o tres horas charlando con la gente de mi país; aún así aquí el tiempo sobra y creo que es un poco porque todo lo que hago lo hago solo y lo termino más rápido que si fuera con más personas, creo que los intereses se efectúan en dirección inversa a la cantidad de personas que los compartan. En fin, esta lejanía también ha puesto las cosas en perspectiva, en primer lugar sueño mucho, cada noche sueño un par de sueños muy intensos y muy parlanchines diría yo, además tengo mucho tiempo en las mañanas para hablar un poco con ellos y escucharlos un poco más. Pues la distancia parece aclarar bastante las cosas, mi tesis ha crecido enormemente desde que decidí dejar atrás el letargo y dedicarme a la lectura formal y a escribir más; al final las cosas caen por su propio peso, mi tesis, igual que mis textos en los últimos años, no habla sino de la muerte, nuevamente la muerte de los discursos y del hombre junto con sus dioses y todo eso; esta vez habla de la muerte de occidente y no sé si a alguien le vaya a gustar, pero a mi me gusta porque es un bonito libro que leo mientras escibo, mientras ordeno (me encanta que en mientras esté también mentiras ¿qué más se puede escribir?). Hoy hice el trazo de la última parte, sólo falta llenar los huecos y es el camino a seguir la semana próxima, esta nos toca vernos las caras a Foucault, Lacan, Levi-Strauss y a mi, pero una vez que termine el diálogo con estos señores el camino está listo para el final. Así que hoy es la muerte del hombre y -por qué no decirlo con todas sus letras- la muerte del padre que sólo se va a encontrar en el suicidio del hombre y el psicoanálisis parece ser el único mecate que tenemos para ahorcarnos.

Diario de campo 11 - 33 -

Siempre había querido conocer Francia, era mi sueño y desde los veinte años me decía "no llegaré a los veinticinco", "no llegaré a los treinta" y bla, bla, jamás se cumplía. Hoy a la distancia veo que ni siquiera era porque fuera extremadamente difícil viajar al viejo continente, la mitad de los nacos que conozco han venido y exhiben sus fotos en la torre o en el arco, más bien creo que era por miedo, por miedo a la ruptura, por miedo a en verdad encontrar el camino para salir de ahí (no de México, sino de ese destino personal que todos tenemos trazado por aquello que llamamos historia personal y que no es más que un esfuerzo estructural de mantener erguida la imagen mítica de un padre que hace miles de años nos abandonó a nuestra suerte (eso ni siquiera pasó). En fin, hoy llego a treintaitres y mi cumpleaños llegó siete horas antes de lo acostumbrado y así va a terminar. Estoy en París, chez Lacan, chez Foucault, donde todo lo que leo se ha escrito y donde algún día quiero vivir. Llegué a treintaitres y vivo, aunque sea por unos meses, en la ciudad que tanto y tanto anhelé y, aunque estoy solo, estoy contento porque lo hice, me traje a Francia y no por unos días ni por una única vez. Hoy ya se vislumbra el doctorado y el proyecto está programado para volver por al menos un año y el posdoctorado me espera para vivirlo acá, porque hoy puedo vivir acá.

Es curioso porque desde que entré a estudiar a esa universidad esa carrera de mierda no tuve muchos cumpleaños muy felices, regularmente eran terceros parciales en las fechas de mi cumpleaños lo que como estudiante me ponía siempre detrás de un libro, cuaderno o máquina de escribir y luego -como pofesor- me la pasaba calificando trabajos nefastos con una ortografía de tres pesos; quizá fue hasta que conocí a A. que mi cumpleaños empezó a tener cierta regularidad de festejo y un montón de gente reunida para echar unos tacos o el pastel de las doce en mi casa. Pues hoy me tocó estar sin todos ellos y sin pastel ni café ni risas ni tacos (ni comida, acá de verdad que casi no como), pero estoy contento porque llegué a esta tierra que quiero tanto desde que supe que acá algunos habían pensado como yo quería poder pensar; estoy feliz porque el cielo está nublado y el clima impide salir sin abrigo, porque las librerías son más grandes que el wal-mart, porque el metro llega absolutamente a todos lados, porque todas las personas acá son muy bonitas, porque el árbol que se ve desde mi ventana es más grande que un parque de nuestra capital, porque camino en una zona comercial a las dos de la mañana y no me asaltan, porque me emborraché con un montón de franceses que intentaban hablar español conmigo y me ayudaban a hablar en francés, porque el pan aquí sabe intenso y los quesos son extraordinarios, porque el el vino se toma bajo ciertas normas de sabor, porque voy a conciertos todos los días y al cine dos veces por semana y a conferencias el día que yo quiera, porque la gente de mi piso comienza a sonreirme y a decir salut cuando me ven, porque me faltan todos los museos y la ópera antes de volver, porque siempre había querido estar aquí y ya llegué, llegué, llegué y es el mejor regalo de cumpleaños que he tenido jamás.

33 y en París... ¿Qué más puedo pedir hoy? ¿Qué más puedo tener?

Wednesday, February 03, 2010

Tuesday, February 02, 2010

¿No entiendes?

¿Verdaderamente no entiendes que eres un pobre diablo? ¿que lo que no tienes no se lo puedes robar a nadie? ¿que la imitación no es creatividad es mendicidad? ¿que no hay forma de que poseas eso que buscas por más dedicado que seas a tu farsa? ¿que eres nadie y que no vas a dejar de serlo porque tu destino está sellado, se llama papá?

Con mucho cariño, ya sabes quién.

Diario de campo 10

De lo que me ha enseñado París

1.- Que sólo tiene frío quien quiere no tenerlo
2.- Que por más que brille, cuando los ojos se acostumbran siempre se notan las opacidades del oro (que no deja de ser oro)
3.- Que la mejor compañía siempre es un amigo y que a veces el único amigo es uno mismo
4.- Que una lengua no se aprende, se habla
5.- Que el sol no siempre pasa por arriba y que la noche no siempre azulea
6.- Que la única verdadera cualidad del viajero es que sabe no mirar atrás (y que yo no soy un viajero)
7.- Que la comida es el motor de un buen día
8.- Que Europa es tan incomprensible como la américa no occidental
9.- Que el miedo no es un motor, es un freno. Porque se puede vivir sin miedo
10.- Que mi mundo es pequeño y que mi edad es mucha y mis logros son absurdos
11.- Que uno de estos días me voy a escapar