Wednesday, February 10, 2010

Diario de campo 13 - No tan gris

Llevaba dos días vivendo en pecado y no por vivir con una chica con la que no me ha reconocido Dios sino porque los dos días anteriores había comido como perro: con agua; es decir que lleveba dos días sin cocacola y eso es muy, muy malo.

Hoy me desperté, igual que ayer con mucha dificultad, con un sueño espantoso e insoportable apesar de que el día anterior había decidido dormir a la una de la mañana (temprano para mi). Quizá es porque estaba muy nervioso por mi primera entrevista en el centro Minkowska o porque mi cuerpo ya se está cansando de no comer, pero me fue muy difícil despertar esta mañana; lo intenté desde las nueve hasta las diez con trece minutos que la chica de la limpieza abrió la puerta de la habitación de al lado.

Al asomarme por la ventana unos pequeños puntitos blancos se veían por doquier: nieve. Sé que esto podría parecer feliz para todos los que la nieve la conocemos con sabor a limón o en caricaturas como Bell y Sebastián, pero acá las cosas no son para nada felices. En primer lugar la temperatura desciende horrores y el aire se vuelve gélido, como si se estuviera viviendo en el departamento de salchichonería de un super, encuerado además; luego el aire se hace más delgado -supongo- porque es muy difícil respirar, hay que jalar más para que entre y además al hacerlo es como si se respirara agua por todo el hielo que hay en todas partes. Para acabar con el asunto el aire es tan fuerte que los estúpido hielitos cortan la piel de la cara, son como agujitas que pican por miles (y sin embargo es un espectáculo sublime).

Eran las dos de la tarde, tenía que estar del otro lado de París a las tres (en este país he sido la persona más puntual del mundo, pero en parte se lo debo al metro que es maravilloso) en un centro que ni sabía bien a qué se dedica, sólo era una recomedación de un hombre al que le tengo mucha confianza y que creo que confía en mi. En fin, estaba en el centro al cuarto para las tres con un miedo impresionante, era mi primera entrevista y tenía que hacerla en francés, idioma que estoy muy, muy lejos de dominar; afortunadamente pude explicar, preguntar, saludar y decir "Yo no compré pan francés" y con eso el inglés apareció al rescate y luego apareció una chica española muy simpática a rescatarme todavía más: Wara, además nombre como de guerrera o algo así.

Pues al final de todo resulta que soy investigador asociado au Centre Minkowska y que empiezo a trabajar desde mañana, claro, sin dinero de pormedio pero me dice el doctor "pero puede usted estar en todas las actividades de enseñanza del centro completamente gratis", ¿qué más remuneración podría yo pedir?

Cuando salí de ahí ya no caía tanta nieve y parís parecía tener un poquito más de color y el aire parecía entrar un poquito mejor a mis pulmones y como que hasta me empecé a sentir un poquito más alto y aunque no es muy fácil dejar los pies fijos en el hielo compactado en las calles, caminé bajo una radiante gana de trabajar en París...

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