Siempre había querido conocer Francia, era mi sueño y desde los veinte años me decía "no llegaré a los veinticinco", "no llegaré a los treinta" y bla, bla, jamás se cumplía. Hoy a la distancia veo que ni siquiera era porque fuera extremadamente difícil viajar al viejo continente, la mitad de los nacos que conozco han venido y exhiben sus fotos en la torre o en el arco, más bien creo que era por miedo, por miedo a la ruptura, por miedo a en verdad encontrar el camino para salir de ahí (no de México, sino de ese destino personal que todos tenemos trazado por aquello que llamamos historia personal y que no es más que un esfuerzo estructural de mantener erguida la imagen mítica de un padre que hace miles de años nos abandonó a nuestra suerte (eso ni siquiera pasó). En fin, hoy llego a treintaitres y mi cumpleaños llegó siete horas antes de lo acostumbrado y así va a terminar. Estoy en París, chez Lacan, chez Foucault, donde todo lo que leo se ha escrito y donde algún día quiero vivir. Llegué a treintaitres y vivo, aunque sea por unos meses, en la ciudad que tanto y tanto anhelé y, aunque estoy solo, estoy contento porque lo hice, me traje a Francia y no por unos días ni por una única vez. Hoy ya se vislumbra el doctorado y el proyecto está programado para volver por al menos un año y el posdoctorado me espera para vivirlo acá, porque hoy puedo vivir acá.
Es curioso porque desde que entré a estudiar a esa universidad esa carrera de mierda no tuve muchos cumpleaños muy felices, regularmente eran terceros parciales en las fechas de mi cumpleaños lo que como estudiante me ponía siempre detrás de un libro, cuaderno o máquina de escribir y luego -como pofesor- me la pasaba calificando trabajos nefastos con una ortografía de tres pesos; quizá fue hasta que conocí a A. que mi cumpleaños empezó a tener cierta regularidad de festejo y un montón de gente reunida para echar unos tacos o el pastel de las doce en mi casa. Pues hoy me tocó estar sin todos ellos y sin pastel ni café ni risas ni tacos (ni comida, acá de verdad que casi no como), pero estoy contento porque llegué a esta tierra que quiero tanto desde que supe que acá algunos habían pensado como yo quería poder pensar; estoy feliz porque el cielo está nublado y el clima impide salir sin abrigo, porque las librerías son más grandes que el wal-mart, porque el metro llega absolutamente a todos lados, porque todas las personas acá son muy bonitas, porque el árbol que se ve desde mi ventana es más grande que un parque de nuestra capital, porque camino en una zona comercial a las dos de la mañana y no me asaltan, porque me emborraché con un montón de franceses que intentaban hablar español conmigo y me ayudaban a hablar en francés, porque el pan aquí sabe intenso y los quesos son extraordinarios, porque el el vino se toma bajo ciertas normas de sabor, porque voy a conciertos todos los días y al cine dos veces por semana y a conferencias el día que yo quiera, porque la gente de mi piso comienza a sonreirme y a decir salut cuando me ven, porque me faltan todos los museos y la ópera antes de volver, porque siempre había querido estar aquí y ya llegué, llegué, llegué y es el mejor regalo de cumpleaños que he tenido jamás.
33 y en París... ¿Qué más puedo pedir hoy? ¿Qué más puedo tener?
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2 comments:
En Paris rodeado de gente "bonita"
Tuve un hermano, el mejor del mundo y lo voy a extrañar
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