Saturday, March 27, 2010

Diario de campo 39 - respuesta a un temeroso e-mail

Hola E, bien todo, me alegra tu correo. No sé si soy el viajante adecuado para estos países, no sé si soy el mejor visitador de museos o el que más aprecia la arquitectura y la escultura de un país como Francia. Sé que soy raro -rebelde, alguna vez pensé- sé que estoy no sé dónde y no sé cómo. Sobrevivir dejó de ser una palabra útil aquí, es cierto que como poco y que cuando como bien es delicioso; que los quesos saben gloriosos y que el pan está hecho en los hornos de Dios. Es cierto, también, que la ciudad es hermosa por dondequiera que camines, que el cielo es bello de día y rojo de noche. Y es verdad: los franceses huelen mal y el metro huele muy mal SIEMPRE. No sé si planchan la ropa interior, pero seguro que no, la ropa debe ser tecnológicamente perfecta como para no necesitar plancharla.

Yo a veces extraño México, pero a veces siento que no soy de allá, lo que no quiere decir que soy de acá, pero creo que más bien no soy de ningún lugar. Cuatro meses han sido una vacilada de tiempo, a penas para volverme valiente y aprender a decir bonjour. Yo también sueño, más aquí que nunca y tengo tiempo para estar con mis sueños un rato al despertar; sueño con lugares grandes, muy grandes, enormes; sueño en francés frecuentemente y sueño en París, en el metro o en sus calles. Una vez soñé que estaba en México y estuve triste una semana. Sueño sin tiempo, por primera vez sin pasado ni futuro, supongo que sueño con la inmensidad del presente y me pregunto si es posible vivir así. Creo que nosotros estamos enfermos de historia porque no sabemos escuchar la historia, creo que eso es algo de lo es posible librarse... aún no sé cómo.

Tengo amigos y la bendición de Dios: mujeres hermosas en cada rincón. Salgo todos los días, bares, conciertos, cine, bares, bares, tavernas y bares. La cerveza acá es muy buena aunque el vino ha sido sorprendente. Francia es cruel pero la gente lo hace más fácil. Conozco personas de muchos países y he aprendido que no hay carga cultural en nadie, ni códigos, es falso, la gente se atrae o se repele por otras cosas, somos más autómatas de lo que creemos. Vivo.

Me divierto mucho, sufro menos, quizá y a veces más, siempre se extraña la casa propia y la gente propia, pero debo reconocerlo, los vicios para alguien como yo están siempre en casa, aquí no soy yo. Aquí no soy nadie, ni popular ni profesor ni nada, acá soy nada, sin nombre, sin casa, sin idioma, sin nación, sin nada y lo gozo, ya volveré para ser yo y para trabajar con más dignidad de lo que he hecho hasta ahora, se lo debo a mi práctica.

Corre cuando quieras, París y el resto del mundo te esperan. Tómate tu tiempo pero no la vida para brincar a otro lugar o a muchos lugares. Hay un universo gigante saliendo de la puerta de casa y mientras más lejos es más grande y más nuevo y más limpio. Tómate tu tiempo pero ten los ojos bien puestos en una meta que es my fácil de conseguir: volar.

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