Cuidaba yo a un hombre... de hecho todo el hombre estaba contenido en su cabeza. Cuidaba yo una cabeza, que me hablaba, que me decía y me respondía cosas. Era blanco, con barba blanca (se parecía a la mía). Me preocupaban cosas locas, por ejemplo: dónde estaba su corazón, dónde caía la comida que se comía, por dónde defecaba, etc. Me lo expliqué con cierta facilidad: Al nacer su cuerpo estaba marchito, solo su cabeza funcionaba, hubo que amputar su cuerpo y meter los órganos en su cabeza; por ejemplo su corazón quedaba del lado derecho de su cabeza, cerca de su oreja y defecaba, quizá, por un agujero en la nuca.
Estaba en una carreola, como las de las niñas donde llevan los nenucos. Él no podía detenerse de ningún lugar, no tenía manos, así que había algo, como un artefacto del lado izquierdo de la carreola que servía para detenerlo. Además, tenía una como ventosa en la cabeza que se enganchaba de la parte superior de la misma.
Por alguna razón de esas que en los sueños se saben solas, yo perdí la parte de la carreola que sirve para detener la cabeza-ser-hombre que estaba a mi cargo. Yo sabía que podía caerse y me daba tanto miedo, tanta angustia. Pensé tantas cosas, que lo amarraría, que con la ventosa sería suficiente, pero terminé optando por lo más loco que se me pudo haber ocurrido: Le puse un cuerpo. Un cuerpo como de bebé, como de niño de 3 años y lo dejé.
Michel y su hija estaban jugando con la carreola, la lanzaba de una hacia la otra, de un lado a otro y en una de esas se cayó, se golpeó la cabeza, justo del lado donde tenía el corazón. Tuve mucho miedo.
De pronto se levantó, con el cuerpo que yo le había dado y como pudo se equilibró y dió un par de pasos. Yo miraba a lo lejos, donde él no podía verme a mí. Al mirar como caminaba lloré. Lloré mucho, tanto que desperté con mi cama empapada de lágrimas. No quería que me viera llorar. Pensé: Ese hombre es un guerrero, él ha tenido que resolver algo que nosotros jamás imaginamos, ha tenido que, teniendo sólo una cabeza, aprender a caminar, ese hombre ha luchado como nadie.
Me alejé, no debía verme llorar, me fui lejos, muy lejos, allí estaba ella, junto con su amiga, ella lloraba y yo la vi llorar, yo ya no lo hacía y ella preguntó: ¿No te provoca ganas de llorar el heroísmo de ese hombre? Y no soporté más, volví a llorar, más que antes, no sé qué sentía pero era muy intenso, no pude seguir durmiendo. Desperté.
Lloraba mucho cuando desperté, tenía años que las lágrimas de mis sueños no salían al mundo real, lloré más hasta que me cansé. Lo que ahora me pregunto es si esa cabeza era yo...
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3 comments:
invita mucho a la reflexion
mi hizo pensar
te quedo muy padre
¡Qué bello y emotivo!, me pareció un sueño reflexivo de tus pensamientos, analízalo y luego me cuentas.
Yo también recuerdo al cerebro
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