Trescientos pesos menos en mi bolsa, trescientos pesos más en la bolsa de un desconocido al que me estoy cansando de conocer. Volví a ir, como cada lunes, hablé con él, habló y lo que pasó me tiene dando y dando vueltas. Lo diré.
La última vez había dicho que me gustan los Mc burritos a la mexicana y hoy me estoy comiendo uno mientras escribo. Anoche salí de ahí. Bone nuit se decía en mi cabeza, pero esto se usa para despedirse y no para decir que la noche fue buena. Aún así pensaba en que había sido buena noche, que después de no sé cuánto tiempo me había reencontrado con un psicoanalista, que había habido análisis.
A diferencia de las últimas noches no salí enojado, estaba incluso contento y convencido de que me había encontrado con que aún necesito psicoanalizarme, que aún me psicoanalizo. Él y yo estábamos reconciliados en mí. De hecho, fue tan bueno que no recuerdo el tránsito de la sesión: si conté un sueño, si hablé de chicas, recuerdo que hablé de mi carne hecha redes reparatorias de quemaduras... él de eso no dijo nada.
Ni recuerdo el corte, estábamos reconciliados, tal como los novios, se odian, se han peleado, esa tarde hablan, cogen y todo se vuelve hermoso entre ellos, parecen curados, al servirle a un estándar se sienten felices y eso pasó anoche. Él y yo nos reconciliamos y luego yo olvidé lo que me temía de él, pero sólo hasta la cena.
Durante la cena reflexioné y la reflexión está en el post anterior. Él me inautorizó analista, en el mismo movimiento él se autorizó analista y convirtió el psicoanálisis en un asunto de saber y, por lo tanto, en un asunto de identidad.
Al principio yo quería, de verdad quería ser como él, la idea está bien, así se inicia la transferencia, imitando, asimilando. convirtiéndose en lo que uno ve del otro, pero después eso se destituye, uno se convierte en una pieza original, uno es creativo con su vida, uno crea formas nunca vistas aunque parta de las materias primas de la vida, uno siempre encuentra nuevas formas de usarlas. Hoy creo que él no está dispuesto a verme a mí ni a nadie moviéndose hacia la creatividad de la vida, él no lo va a permitir y yo no lo voy a seguir. Lo lamento, en esto ya no estamos juntos.
Por cierto, anoche hablé de que no quiero morir y él solo supo entender trascendencia y cuando le expliqué a qué me refería dijo: "preocúpese por vivir y deje eso de la muerte a un lado". Idiota, le falta el ímpetu de los que aman la vida tanto como para no querer dejarla jamás. De la muerte como enemiga él no sabe nada y de la muerte como la mejor amiga él tampoco sabe nada y de la muerte como inexistente cree saberlo todo y no sabe nada y yo tampoco pero me pregunto y no dejaré de hacerlo.
Dijo: "¿Cuándo va usted a supervisar?". Yo no superviso jamás porque no tengo dinero, y además porque ya lo intenté y no pasó nada, fue un chiste, un juego, yo no sé si sea necesario supervisar, que tal que es parte del ritual de iniciación que hoy denuncio... No lo sé.
No estamos reconciliados y no hay diferencia entre él y mi profesor de Cinecias Naturales de la secundaria: todo le creo, con la diferencia que ahora puedo comenzar a dejar de creerle aunque me tome hasta la cena.
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1 comment:
Y que felicidad deja el poder compartir las mismas ideas con tu nemesis.
Puedes hacer una analogía con esto y la encontrarías hasta en el cine (star-wars).
Creo que eso te acerca más a tu enemigo (por así llamarle).
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