Todavía me acuerdo de esas noches en las que salía caminando de aquél recinto en el que hablaba de Platón después de un poco de alcohol, tomaba mi mochila y caminaba hacia el lado contrario de siempre, doblaba en la esquina. La noche me esperaba y me acompañaba hacia unas escaleras en una casa aparentemente abandonada, ahí me sentaba y contemplaba la hermosura de la noche, lo brillante de esas dos estrellas que siempre parecían mirarme y ahí la noche me abrazaba, me acariciaba las mejillas con sus oscuras manos y la soledad que siempre está con ella: La noche siempre está sola aunque la pueblen las estrellas, los vampiros y la luna, la noche no tiene compañía.
Aún recuerdo como pasaba varios minutos que alcanzaban como si fueran horas y que se desvanecían como un instante. Recuerdo cómo abrazaba yo la noche y cerca de su rostro oculto entre mis brazos me impregnaba de su olor e impregnaba el ambiente del mío, miraba su nocturna claridad, cerraba los ojos y pensaba que era feliz, y no quería irme de ahí y se lo decía a la noche: "no dejes que se haga de día" y la noche decía: "yo no puedo evitarlo, es mi naturaleza". Y me desgarraba el alma pensando que se iría y trataba de ignorarlo pero no podía y luchaba por disfrutar la noche de esa noche y esperar a que mañana volviera. Cuánto extraño esos días.
Hoy pasé por ahí y miré la escalera y miré al cielo para ver si estaba ahí, como en aquellos días y no estuvo, convoqué su ausencia una vez más. El sol no me dejó mirar nada, la noche, la escalera, su olor, sus estrellas y yo ya no estamos juntos y quizá no volvamos a estarlo jamás. Yo hice que amaneciera, la noche se fue un día y yo no quise esperarla, pensé, pienso que realmente no le importaba, ella siempre volverá, pero yo no puedo qudarme ahí, soy un viajero. Pero hoy pasé por ahí y me acordé y sonreí porque alguna vez estuvimos la noche, la luna, las estrellas, mi soledad, los chicos jugando futbol, el olor, la piel, mis brazos y una ilusión que en algún lado de esa escalera se quedó guardada, quizá esperando que yo vuelva a y la lleve otra vez conmigo.
Sin embargo, las vida es hoy difícil, soy viajero y estoy cansado y ya no me siento a contemplar la noche y el universo, ya no soy el niño que se caía para arriba, ya no soy el que sueña, sólo soy el que viaja y quizá el que viajó, pero que bello es buscar en el corazón y encontrarse con esos pequeños momentos que fueron tan grandes y que me hacen tan feliz... ¡Qué bello es vivir!
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