Ocho de la mañana, como nunca me había despertado impetuoso; el sol no había salido, como en los últimos días, pero el día se veía claro. Era 18 de agosto, dos meses antes, sábado, había salido por primera vez con Serena. Habíamos visto a Van Gogh y nos habíamos dado nuestro primer beso.
Tenía poco dinero, pero era suficiente para la sorpresa planeada. La fortuna me sonreía, los eventos en mi trabajo y la puntualidad con la que entregué todo lo que tenía que entregar me dieron toda la mañana para dedicarla a mis labores del día 18. A las 10:30, justo después de una malísima conferencia, fui con un grupo de buenos amigos, entre los que se había, sorprendentemente, incluido el príncipe de Eternia, a tomar un desayuno y a jugar un rato de besta claustriano en el que perdí todas las veces -no importa, a veces no importa- y después nos pusimos en marcha para conseguir todo lo que, una noche antes, había escrito en una hoja vieja que encontré en mi recámara.
Después de las doce estábamos en Wal-Mart, debía volver a las dos treinta y aún no estaba seguro de conseguir todo lo que la cena sorpresa requeriría. Pero Wal-Mart siempre es una gran tienda y hasta especias italianas pude comprar. Los quesos eran carísismos y no podía encontrar gruyere (espero escribirlo bien), en ese momento no importaba, había, días antes. encontrado el lugar perfecto para comprar el queso y ya hasta lo había probado.
Daniel, Adam y yo habíamos hablado tanto de ella y de otras cosas que se me había pasado muy rápido el tiempo de compras, pero todo iba muy bien, sólo faltaba un poco de vino y eso nunca es problema para mí. Las cosas estaban hechas.
Llegamos a la chamba sólo para decir nuevamente adiós. Se hablaba mucho de cultura general y me he dado cuenta de que estoy güeveando un chingo en mis lecturas (¡pero tengo una historia de amor!) y definitivamente estoy OUT en eso... ni modo. A las dos cuarenta tenía que estar escuchando a alguien y ya se había hecho bastante tarde, aún así lo logré y trabajé lo necesario para estar muy pronto libre de chamba. Como a las cuatro de la tarde el tiempo estaba sobre de mí, a Serena la vería a las cinco y aún faltaba el queso y... los Tulipanes.
Corrí al mercado de Medellín, ahí venden muy buenos quesos y lo conseguí aunque no fue exactamente dentro del mercado (qué delicia es estar probando quesos por todos lados). Lo único que faltaba eran las flores.
Me dirigí hacia la zona de flores del mercado y pedí unos tulipanes, dos, uno por cada mes, jamás me imaginé que hubiera colores para escoger, así que el problema fue demasiado: ¿qué color le gusta? ¿qué color no le gusta? ¿qué hago? "Tráigame los más claros que encuentre", fue lo único que se me ocurrió... fueron rosas, hermosos.
Tenía examen, las flores no estarían antes de las siete de la noche y yo no podría recogerlas, pero siempre hay quien haga el paro con esas cosas y a las siete había un emisario recogiendo sus flores.
Había quedado con los chavos a las siete treinta para ir a arreglar la habitación de R. (el malasuerte) y llegaron muy tarde, sin embargo, emprendimos el camino con tiempo. Después de hacer una breve escala para recoger la comida y las flores salimos rumbo a casa sin saber que mi auto se descompondría a la mitad del camino.
Hora y cuarto para llegar a casa, eran nueve veinte y la pasta apenas había caido en el agua. Los quesos eran duros y tenía que hacer que se fundieran como en quince minutos y aún faltaba la cebolla y el jitomate antes de poner a cocinar la carne. El tiempo estaba sobre de mí (y también la Fuchi que desde que tuvo a sus cachorros maulla todo el día por que tiene siempre hambre y le encanta la carne y el queso), no tenía coche, las flores no estaban en agua, la barra estaba llena de mugre, había basura por todos lados porque la perra había buscado comida en las bolsas, la comida estaba a medio hacer y ella, la chica más linda de todo el mundo, estaba por llegar.
Hubiera querido escribir una carta y poner las flores sobre la mesa y tener música y no tener tres chavos limpiando la casa y gritando "JA" todo el tiempo pero nada salió bien. Cuando ella llegó todo estaba incompleto y sólo me abrazó y me dió un beso y recogió sus flores y me pidió un beso y me dijo que me ayudaba y que me quería y se sentóa decirme que me veía lindísismo cocinando (con camisa y pantalones)... al final parecía que sería bueno.
Como quince mninutos después le serví su plato de comida. A ella le encanta la pasta y se la pasa comiendo pasta toda la vida, así que mi catadora era una autoridad en aquello de lo italiano ¡gulp! Le di una copa de vino (a mi me gusta el vino en vaso porque es mucho más espacioso, creo que quise hacerlo finolis), confiaba en abrir su paladar para los quesos de mi salsa. Le puse un poco de más queso y esperé. El pan estaba cortado sobre la mesa, ella no tomó en ese momento pan, colocó el tenedor en el plato, enrolló un poco de pasta con carne y la llevó a su boca...
Abrió grandes los ojos, se detuvo masticándola un buen rato, dejó de moverse, tardó muchísimo en poasársela. Yo pregunté: ¿qué tal? Mantuvo el silencio un rato más y entonces pronunció, mientras volvía a llenar su tenedor de comida: "Debo volver a probar. No puede gustarme tanto..." Llevó otro bocado a sí y lo comió con igual lentitud y delicadeza. Lo que sigue ya no lo recuerdo bien, creo que me llenó de besos y abrazos y me dijo que le gustaba mucho, que sabía cocinar, que era su punto débil, que sabía hacer pasta y ya no sé que más... se me quitó el hambre. La amo.
Comió dos platos, yo apenas la mitad y medio pan, bebimos un poco más y disfrutó la cena, dijo que nunca le habían hecho algo así, que nunca habían cocinado para ella, dijo gracias.
Estaba feliz, ella y yo también. Estábamos finalmente solos y decidimos ir a mi habitación, que también era un mugrero, no prendimos mucho la luz, nos abrazamos, me besó como nunca y como siempre y dormimos un rato; no recuerdo si le dije que la amaba pero todo el tiempo lo pensé, creo que debía haberla consentido más y no preocuparme por el auto y por llevarla a casa bien (sé que soy una porquería), creo que la molesté un poco con mis apuros y ella necesitaba un poco más de mí que lo que pensé. La llevé a casa y casi no me alcancé a despedir pero me habó dos veces en el camino y me dijo que gracias y que me quería...
Lamento mucho no haberlo hecho mejor, pero espero no haberlo hecho tan mal... prometo hacerlo mejor (e incluir el sexo en la sorpresa). Soy muy feliz y espero que estos dos meses se conviertan en una eternidad porque me hace falta tiempo para estar con la persona más grande que se ha cruzado en mi camino.
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