He visto a un grupo de teatro ensayar, arrogantemente, una serie de obras y aplaudirse como si estuvieran haciendo lo más genial del mundo. La presentarán para ellos mismos, nadie los va a descubrir, su obra apesta porque están jugando a las grandes estrellas, en su mundo, en su nido, de ahí no han salido: gatitos, están jugando a la cacería, no están cazando nada y eso no les va a dar de comer.
¿No será que yo hago lo mismo con mi seminario supuestamente genial?
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