Wednesday, April 20, 2005

La fascinante historia de un ciego.

Hace no mucho tiempo estaba yo parado en la calle, con dos compañeras de trabajo, creo que veníamos de desyunar. A lo lejos venía un hombre. Su ropa era elegante, estaba limpia, su cabello castaño claro con una barba abundante pero bien delineada cubriendo su rostro. Traía además un bastón para guiarse por el camino y librar los obstáculos a su paso, lo movía de un lado al otro, con ello suplía la función de sus ojos que, en él, era ausente.

Caminaba despacio, como si fuera nuevo en el arte de ir sólo por la calle sin ver más que a través de un bastón. Despacio pero no como para que se le llamara lento o temeroso. Su andar era constante y seguro, como caminaría cualquiera que va disfrutando el paisaje que le brindan las calles del centro que es donde estábamos.

De pronto un teléfono público se encontró frente a él, el largo del bastón no sería suficiente como para chocar con el soporte del teléfono antes de que su cabeza, su cara golpeara la cabina. Yo lo vi, pude prevenirlo pero no lo hice.

Ahora cualquiera podría decir: "qué ojete". Yo no, yo quería mirar, aún no sabía porque me detenía, porque no le advertía, pero creo que quería mirar, quería que la vida me regalara esa metáfora con el ciego. Él se golpeo la cara tan fuerte que casi cae al piso. La gente pronto se acercó a preguntar cómo estaba y a socorrerle, era demasiado tarde. No sangró y seguro no se le hizo moretón ni chipote, pero se golpeo y yo no lo impedí y yo no ayudé. Sin embargo, esa tarde el ciego me regaló una de las metáforas más bonitas que la vida me ha dado.

Todos somos más o menos como él, llevamos nuestro bastón y, aunque andemos despacio, confiamos en que el bastón nos adelantará la presencia de cualquier obstáculo en el camino. Todos creemos que vemos por esta extremidad artificial como si de verdad viéramos lo que hay frente a nosotros, pero, igual que al ciego, nuestro bastón sólo cubre nuesrtos pies y si a caso las piernas. Cuando el obstáculo sea superior a esta altura nos golpea, porque vamos directo hacia él, porque nos entregamos por nuestra ceguera a eso que aunque está ahí somos incapaces de ver, todo por confiar ciegamente en nuestro bastón.

El ciego se golpeo y yo recibí uno de los golpes más fuertes que jamás me ha dado la vida... quizá por eso ahora camino tan temeroso.

No comments: