Saturday, March 21, 2009

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Tenerlo todo es fácil. Dejarlo todo y volver a empezar también lo es -ella dice, cualquiera lo hace. ¿No lo ves? Pero soportarse en un lugar y construir más y subir otro escalón no es fácil, implica un esfuerzo: valentía. La marea de un océano crece detrás de sus ojos. Fuera, la sequedad arenosa de la falsa entereza con que le habla a él que yace acostado bocarriba en el prematuramente envejecido sillón de la derruida sala en la que hablan. Él calla. Él deja salir algunas lágrimas. Él sólo llora cuando empieza y cuando termina, nunca durante. Él esta vez no sabe si ha terminado. No llora, sus ojos sí. Él sabe que ella sabe, que lo sabe todo. Ella ve demasiado, infinitamente más que él: ve más allá de lo que se ve y de lo que no se ve, nunca ha necesitado que le muestren. Él se derrumba, lleva años derrumbándose. Él sólo se construye para derrumbarse. La mira hacia arriba. Ella se mira hacia adentro.

No hay camino -dice- no puedo, no quiero encontrar el camino de vuelta: Tengo miedo. Él sabe que le aterra ser hombre, quiere ser niño y cumplir la promesa que se hizo, que le hizo a Dios y al futuro cuando no pasaba de seis años. Siempre un niño: correr, correr para llegar, siempre correr y llegar. Él no espera. El mundo de los hombres pide paciencia. Él no espera. Ella lo sabe. Ella tiene paciencia por ambos. Lo ama. No llora, ni una lágrima.

Ella lo hace hombre. Él no quiere ser hombre. Tampoco quiere ser niño. Está harto de ser, pero sus dos manos son sumisas a la vida. Él sabe que es un perdedor porque le gusta perder. Él no tiene una mascota porque odia la dependencia. Él teme a la dependencia. Cree que es libre. Él quiere hacerla niña, quiere hacer niños a todos: no puede más. Llora. Esta vez no quiere llorar, no quiere hacerlo igual. Duda. Duda más. Duda nuevamente. Siempre ha pensado que está entre árboles y él siempre ha sido pasto. Él no sabe que ya no hay bosque, que nunca hubo bosque. Tampoco pasto. Él no es eso. Él no es nada. Él lee a MD y odia no escribir como ella. Él se odia. Él tiene fe. Ella amor. Él ha vuelto a encontrar la guerra en el amor. Ella ha cedido parte de sus fuerzas a la esclavitud. Ella estaba en guerra. Él no lo sabía o tal vez es lo único que sabía. Él camina rápido en la calle pero siempre detrás de alguien hasta el último momento, entonces camina más rápido y lo derrota, siempre gana al final. Eso es la guerra. Él odia la guerra pero no sabe hacer otra cosa. Él teme que sea el final, porque teme que sea su final. Está cansado de un final y otro y otro. Ya no quiere seguir empezando. De lo que está harto es de los inicios. Los finales llegan solos. Está harto de sí, de lo único que no puede huir, descansar. Él dice: te creo. Ella llora y se derrumba donde él no puede verla. Detrás de sus ojos. Él no sabe si tiene otro lugar. Él no sabe si tiene un lugar. Él no sabe si existe, si alguna vez existió. ¿Cómo matarse si no sabe si está vivo? Duda. La duda es esperanza. Piensa. Él está harto de la guerra. Ella está perdiendo la guerra. Él sabe cómo terminarla, pero no tiene un arma, ni veneno, ni voluntad. Él tiene miedo. Siempre ha tenido miedo. Si no tuviera miedo no tendría nada. Él no tiene ganas, tiene miedo. Hace décadas fue derrotado por el destino. Él habla. Ese es el destino. Se habla. Es hablado. Él es como todos, demasiado igual a todos: demasiado todos. Quiere levantarse y correr. No lo hace, no tiene a dónde ir. Tampoco tiene de dónde huir. Ya no llora. No hay nada más que llorar. Está seco. Ella comenzará a moverse. Él no. Vivió encerrado. No conoce otra forma. El encierro es esperanza. Él no hace nada. Él tiene fe. Ella no lo tiene más. Enloquece. Él ya está loco. Él es demasiado él y demasiado todos. No debió nacer. El piensa: eso no debió nacer aquí. Maldice. Él no quiere ser heredero de eso. No quiere cargar con eso. ¿Por qué él? No puede más con el cansancio y no lleva ni la mitad del camino. Alguien le dio esa herencia. Maldice cada libro que ha leído. Maldice pensar y maldice dejar de hacerlo. Maldice a AJ, él no lo salvó porque él no estaba salvado. Ella no sabe. No puede saber. Él quiere estar muerto. No sabe si lo está. No quiere ser más un niño, pero no quiere ser un hombre. Él es una tortuga. Inútil longevo testigo de nada. Es lento hasta para morir. Hace mucho está muerto. El día que se prometió no envejecer, ese día fue asesinado, cada hombre reunido en esa sala cortó una arteria de su vida. El resto del tiempo sólo sangró. Ella lo ama porque puede verlo sangrar y caminar y leventarse cada día. Todos sangramos pero él camina -ella sabe. Él debió haber muerto ayer. Ella no debió conocerlo jamás. Duermen. Afuera no pasa nada.

1 comment:

Anonymous said...

Mira nada más, pero qué mushashos.