Perder nuestros derechos, que nos los quiten, el derecho a opinar, el derecho al voto, el derecho a hablar, el derecho a elegir y participar, a estudiar, a leer, a ejercer una profesión, a tener y gastar dinero, a decidir, a ver la televisión, a tener y conducir un auto, a tener hijos, a hacer una familia, a beber alcohol, a hacer pinturas, cine, libros; deberíamos perder el derecho a gobernar, a tener gente a cargo, a administrar un país, a creer en nosotros; no más derecho a ir a la iglesia y a la libertad de culto. Deberíamos perder el derecho a ser individuos, es más, quizá deberíamos perder el derecho a la vida.
Deberíamos, más bien, tener obligaciones: La obligación de callar, de no opinar, de no decidir, de no tener criterio. Deberíamos estar obligados a escuchar a quien puede saber algo, a obedecer, a trabajar y aprender lo que se nos ordene, obligados a hacer estancias periódicas en países de primer mundo y a aprender formas sociales e individuales. Deberíamos estar obligados a ver ciertas películas que muestren la maravilla del cine y no la basura que se produce con tanto orgullo y dinero en el país (debería prohibirse casi todo el cine en México). Deberíamos estar obligados a saber teoría musical, a aprender un instrumento (no más tambores prehispánicos de los que no podemos saber nada y a los que insultamos los fines de semana en coyoacán); estar obligados a ver pintura y a que se nos enseñe a apreciarla, pero que se prohiba hacerla. Y la música, debe destruirse toda la música que se produce para barrios bajos, prohibir la banda, obligarnos a escuchar wagner y a los beatles, pero también a pink floyd y bell y sebastian. Deben obligarnos a saber inglés, francés y alemán, por lo menos y explicarnos el chino y el japonés. Necesitamos que se nos obligue a registrarnos en cursos de enseñanza básica para que eventualmente se nos haga leer a cervantes, dante, joyce, goethe, sófocles o platón, entre otros; que se nos haga escribir páginas y páginas pensando en las lecturas que hicimos, las pinturas que vimos y las canciones que oímos, igual con el cine que veamos. Deberíamos estar obligados a ser gobernados por gente adecuada: F I L O S O F O S, además de verdaderos novelistas, economistas, administradores públicos, etc., todos criados el 100 por ciento dela vida en países y escuelas primermundistas, criados sólo para eso,para administrar y engrandecer un país, lejos del narco y la mierdapolítica mexicana, lejos de las telenovelas y la hora pico, lejos del chavo del ocho y de once niños, lejos de sus madres malcriadas en una vida de falsoglamour tercermundista; lejos de las chivas y el américa, lejos de la lucha libre, ¡por favor! lejos de la lucha libre. Lejos del dinero, muy lejos del dinero; criados para ser grandes y hacernos grandes, criados en la práctica y en la cultura, amantes de la belleza y el pensamiento, despreciadores del dinero y el poder, amantes no del pueblo, de las naciones, de la humanidad, gente sin fronteras ni identidad de grupo: que nos gobiernen hombres y que nos obliguen a someternos a ellos. No más los animales que nos están comiendo, no más los animales que están agotando la ética y la estética que por tanto tiempo embellecieron a occidente. Por cierto, que se acaben las religiones, cero tolerancia con los creyentes...
Esto es sólo una súplica.
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