Un gato gris, pequeño, una gata de hecho... C. le puso mamila y así se le quedó. Tiene algo hermoso: es una gata muy cariñosa. Se acerca ronroneando en cuanto ve a alguien en la proximidad, comienza a restregar su cuerpo contra el cuerpo de quien esté y ronronea más fuerte, tan fuerte que puede oirse de una habitación a otra.
Pero lo que más me gusta de mamila es que cuando me encuentra sentado se sube a mis piernas, apoya sus patas (poco me falta para decir manos) delanteras sobre mi pecho y toca con su nariz mi barbilla oprimiéndola contra mi cara -mientras ronronea- y maúlla un poco, solo cuando maúlla se detiene su ronronear que recomienza una vez teminado el maullido. Entonces mamila hace algo fascinante: recarga su cara en mi cuello, como hacemos los humanos en esos abrazos que parecen estar llenos de ternura y protección; se recarga ahí, sus patas delanteras quedan apoyadas en mi pecho; con una mano puedo abrazar su cuerpecito gris y peludo. Ella solo ronronea y de vez en cuando maulla. No pide nada. Entonces llena de ternura y cariño mi espíritu, hace que la vida cobre una simpleza extraordinaria, todo lo que pesa, todo lo que duele pierde cualquier valor. ¿Cómo es que los hombres sufrimos tanto por cosas que no alcanzan a comparárse con lo sencillo de una reacción natural?
Así es, mamila es simple, embona perfectamente con mi anatomía... ella me lo dijo. Se siente bien conmigo, también me lo dijo. Ella podría amarme por mucho tiempo: lo sé y lo sabe. "Yo no te dejaría NUNCA..." -prometió. Y todo sería tan simple...
Pero un gato vive poco tiempo, el amor es igual o, por lo menos, ha venido siendo igual siempre. Quizá ella querrá más y yo ¿podré darlo?, ¿podré dar algo? No sé si puedo amar a mi gatita y -confieso- lo que más quisiera es poder estar enamorado de ese instante en el que mamila coloca su cabeza a un lado de mi cuello y suspira y parece haber conseguido lo que quería y asemeja una felicidad que anhelo desde niño. Quisiera, en verdad quisiera poder no ser tan humano o ser más poeta y amarme en ese instante tan simple del abrazo con esa gatita feroz que me ha dicho que puede quererme por siempre.
Pero no soy poeta y no soy tan humano como para solo poseer un gato más... soy un loco, solo un loco...
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