Tuesday, December 30, 2008
Friday, December 26, 2008
me di cuenta
Ya no llega el domingo, no veo los dos partidos oficiales de futbol de ese día (no más chivas del tuca). Ya no voy con mi padre y mi hermano al burger boy a comer dos paquetes de chiken boy con esa salsita que poco a poco he olvidado. Hoy ya no regreso a casa a las seis de la tarde, ni tomo la tsubame y manejo hasta el ajusco; ya no paso la tarde besando y acariciando a una treceañera que usa bikers porque sabe que me enloquecen; ya no me cuido de tocarla mientras sus padres ven la televisión en la recámara justo arriba de la sala en la que conocíamos, al mismo tiempo, el cuento del amor y el ceunto del sexo. Ya no se oscurece mientras me hiere tener que irme y esperar ocho días más para verla. Ya no nos besamos una hora más afuera de su casa antes de que le griten para que me vaya. Ya no tomo el coche familiar y trato de romper mi record de veintidos minutos de la puerta del cielo a la puerta de mi casa. Ya no llego a encontrarme con el flaco melindroso de mi hermano. Ya no vamos por unos tacos con juan para cenar él, mi papá, la perra y yo. Ya no jugamos hasta la madrugada Dragon Ball o Street Fighter, recorriendo todos los escenarios de principio a fin y de regreso, acumulando triunfos para ver si Chun Li o Ryu dominaban la noche. Ya no hay un lunes de escuela que soportar con la energía del fin de semana.
Por cierto, no me gusta escribir así.
Por cierto, no me gusta escribir así.
Monday, December 15, 2008
No pasa nada
Hace ya como veinte minutos, justo después de terminar de preparar la comida de mañana, subí a la azotea del pequeño edificio en el que vivo. Mientras subía, una curiosa idea asaltaba mi cabeza, pensaba que al atravesar la puerta al final de la escalera encontraría a un hombre vestido de negro, de pie, dándome la espalda, encendiendo un cigarrillo; no pensaba en qué tipo de hombre sería, quizá un maleante, tal vez un superheroe o sólo alguien que me encomendaría una misión secreta. Atravesé la puerta y no había nada, excepto mi ridículamente cara y hermosa sudadera de Pink Floyd secándose a la luz de la luna que, a diferencia del sol, no se roba los colores.
La aventura recién comenzaba, tenía que acercarme para ver si la sudadera estaba seca o habría que esperar hasta mañana: estaba casi lista, pero decidí dejarla hasta el amanecer. Además de eso no había nada, sólo silencio, ni siquiera el par de murciélagos que he visto un par de veces en los últimos meses habían venido por algunos de los centenares de insectos que se juntan bajo las luces callejeras. La ciudad, como siempre estaba iluminada hasta el hartazgo. Un par de autos se escuchaban sobre la avenida que casi todo el tiempo permanecía solitaria. Seguramente, en algún lugar, alguien está siendo asesinado, una casa es robada y algunas decenas de hombres que ya no tienen otra cosa se embriagan hasta la locura. Algunos niños duermen, aunque mientras más cerca están las vacaciones y las fiestas de diciembre el sueño les llega con mayor dificultad (muchos aún tienen superheroes).
Aunque he estado enfermo un par de semanas, decidí mantenerme un rato en mi pequeña cumbre y observar. Como cuando era niño no me quedó más que voltear al cielo, ya sin miedo de caerme para arriba, aunque permanecí sujeto a un mecate todo el tiempo. Orión estaba arriba de mí; él es, por mucho, la única constelación que verdaderamente conozco, creo que porque se ve todo el año.
Desde muy pequeño mi vista ha sido mala, soy heredero de ese mal que afecta a un montón de seres humanos, tengo miopía aderezada con astigmatismo, por ello nunca he podido ver bien las estrellas y los lentes con todo y sus crecientes graduaciones no han sido de gran ayuda. Sin embargo, me esfuerzo. Algunas zonas del ojo son excelentes para mirar -quizá porque somos un animal presa más que uno cazador- y así es como he conocido a la más pequeña de las Pléyades.
Hace ya tanto tiempo, dos décadas y unos años más, yo quería ser "marciano", después astronauta. Lo que quería era salir del planeta, caerme para arriba, tomar un vuelo hacia donde todo es negro y millones de estrellas posan sus ojos sobre el pequeño insecto que se ha desprendido de la piedra azul. Quería viajar, viajar muy lejos, a otros mundos, a otros colores, no colores como los que la luna no se roba, sino colores como en las fotos que mostraban nueve planetas volando al rededor del sol; quería flotar como los de la tele, pisar la luna blanca y brillosa, tan pequeña que la atravesaría corriendo mientras la gente miraba desde la tierra: al fin y al cabo era un niño.
Pero no me caí para arriba, el mecate me detenía y pude mirar -así como en uno de esos días en los que mis ojos trabajan mejor- una estrella al lado izquierdo de Orión; estaba muy, muy grande y era azul. ¡Maravilloso! era azul. Desde muy pequeño me enseñaron que las estrellas azules son de fuego, como el sol y las rojas son cuerpos helados, pero como mis ojos son muy malos nunca he visto más que blancos en el cielo, sólo que hoy vi una estrella azul, muy azul.
Me quedé observando un rato, hacía mucho frío, pero mi primer color en el cielo era cautivador. Habrán pasado un par de minutos cuando descubrí que ningún dragón bajaba del cielo, no había caballeros peleando una gran guerra por la supervivencia de los hombres; no existía manera de que volteara y viera una bestia gigantesca con los ojos rojos de furia alardeando de su poder frente a un grupo de aldeanos débiles que se preparan para morir como héroes. Tampoco pude encontrar un hombre murciélago buscando a un tétrico personaje sacado de una baraja: esta noche no había nada espectacular, no había una aventura, no un ejército de caballeros, de valientes; el espacio no bajaba, yo no me caía para arriba (ya ni siquiera soy capaz de esa intensa sensación); lo único que había era mi sudadera a medio secar, reposando bajo la blanca luz de la luna que aún se ríe del tiempo de los hombres; con su conejo estampado desde que yo era un niño de primaria y el grito desesperado que Luis me enseñó cuando estaba en la universidad. La estrella azul tal vez ya ni existía y el cinturón de Orión ni siquiera existe. Nadie se cae para arriba.
Abajo me esperaba el planeta tierra: un reportero que le avienta un zapato a uno de los cerdos más grandes que ha conocido el tiempo de la civilización; miles de secuestros anuales sólo en mi ciudad; una supuesta crisis económica que va a causar hambre a quienes producen la comida y mayor riqueza a quienes la tragan. Abajo sólo está la desesperanza de un planeta que no tiene héroes, hombres que estén dispuestos a dar la vida por la humanidad, a inscribirse en el mundo como la huella que termine con este régimen de terror en el que vivimos desde que los burgueses mataron a los monarcas. Atravesando la puerta, está la noticia de un nuevo campeón del futbol mexicano, la tarea pendiente y una escuela que, como toda buena escuela, me aleja de mi. Al final de la escalera están los problemas económicos, la navidad, zapatos que quisiera aventarle al infame presidente vendeculos que me hace no querer tener patria; litros falsos de gasolina; kilos de tres cuartos en la tienda; imbéciles que retan a otros imbéciles a pelear porque no los dejan pasar en el automóvil o entrar al metrobús; profesores de química que reprueban a los niños porque no soportan que alguien tenga una vida mejor a la de ellos; salarios miserables; contratos semanales; despidos para ahorrar; la deuda de un supermercado que pagaremos todos y que destruirá el fin de año de algunos empleados; quiebras falsas de las compañías automotrices; narcotraficantes y policías que se divierten con la libertad que el poder y el terror les dan; una clase media que se extingue; millones de hombres que tienen miedo a morir libres y que prefieren vivir esclavos de un fantasma; abusos, abusos y más abusos; ignorancia; la muerte verdadera de Marx, Nietszche y Freud; la incomprensión de Lacan, Heidegger y Foucault; reporteros de deportes que hablan como si nada pasara afuera de los estadios de soccer; contaminación; el recuerdo de un águila que no vuela más en el sur de la ciudad; un año más treinta; horas para dormir, muchas horas para dormir; un artículo que no quiero reescribir; un niño que quiere una lonchera; un corte de cabello y el riesgo latente de ser asaltado, secuestrado o asesinado por un novato en el crimen, de los que cada día hay más.
Atrás no hay más que una estrella azul que tal vez ya no existe, un universo que nunca conoceré de cerca, una infancia que he luchado por no dejar que termine pero que cada año me cuesta más trabajo soportar, pero ¿es que nadie se cae para arriba?
La aventura recién comenzaba, tenía que acercarme para ver si la sudadera estaba seca o habría que esperar hasta mañana: estaba casi lista, pero decidí dejarla hasta el amanecer. Además de eso no había nada, sólo silencio, ni siquiera el par de murciélagos que he visto un par de veces en los últimos meses habían venido por algunos de los centenares de insectos que se juntan bajo las luces callejeras. La ciudad, como siempre estaba iluminada hasta el hartazgo. Un par de autos se escuchaban sobre la avenida que casi todo el tiempo permanecía solitaria. Seguramente, en algún lugar, alguien está siendo asesinado, una casa es robada y algunas decenas de hombres que ya no tienen otra cosa se embriagan hasta la locura. Algunos niños duermen, aunque mientras más cerca están las vacaciones y las fiestas de diciembre el sueño les llega con mayor dificultad (muchos aún tienen superheroes).
Aunque he estado enfermo un par de semanas, decidí mantenerme un rato en mi pequeña cumbre y observar. Como cuando era niño no me quedó más que voltear al cielo, ya sin miedo de caerme para arriba, aunque permanecí sujeto a un mecate todo el tiempo. Orión estaba arriba de mí; él es, por mucho, la única constelación que verdaderamente conozco, creo que porque se ve todo el año.
Desde muy pequeño mi vista ha sido mala, soy heredero de ese mal que afecta a un montón de seres humanos, tengo miopía aderezada con astigmatismo, por ello nunca he podido ver bien las estrellas y los lentes con todo y sus crecientes graduaciones no han sido de gran ayuda. Sin embargo, me esfuerzo. Algunas zonas del ojo son excelentes para mirar -quizá porque somos un animal presa más que uno cazador- y así es como he conocido a la más pequeña de las Pléyades.
Hace ya tanto tiempo, dos décadas y unos años más, yo quería ser "marciano", después astronauta. Lo que quería era salir del planeta, caerme para arriba, tomar un vuelo hacia donde todo es negro y millones de estrellas posan sus ojos sobre el pequeño insecto que se ha desprendido de la piedra azul. Quería viajar, viajar muy lejos, a otros mundos, a otros colores, no colores como los que la luna no se roba, sino colores como en las fotos que mostraban nueve planetas volando al rededor del sol; quería flotar como los de la tele, pisar la luna blanca y brillosa, tan pequeña que la atravesaría corriendo mientras la gente miraba desde la tierra: al fin y al cabo era un niño.
Pero no me caí para arriba, el mecate me detenía y pude mirar -así como en uno de esos días en los que mis ojos trabajan mejor- una estrella al lado izquierdo de Orión; estaba muy, muy grande y era azul. ¡Maravilloso! era azul. Desde muy pequeño me enseñaron que las estrellas azules son de fuego, como el sol y las rojas son cuerpos helados, pero como mis ojos son muy malos nunca he visto más que blancos en el cielo, sólo que hoy vi una estrella azul, muy azul.
Me quedé observando un rato, hacía mucho frío, pero mi primer color en el cielo era cautivador. Habrán pasado un par de minutos cuando descubrí que ningún dragón bajaba del cielo, no había caballeros peleando una gran guerra por la supervivencia de los hombres; no existía manera de que volteara y viera una bestia gigantesca con los ojos rojos de furia alardeando de su poder frente a un grupo de aldeanos débiles que se preparan para morir como héroes. Tampoco pude encontrar un hombre murciélago buscando a un tétrico personaje sacado de una baraja: esta noche no había nada espectacular, no había una aventura, no un ejército de caballeros, de valientes; el espacio no bajaba, yo no me caía para arriba (ya ni siquiera soy capaz de esa intensa sensación); lo único que había era mi sudadera a medio secar, reposando bajo la blanca luz de la luna que aún se ríe del tiempo de los hombres; con su conejo estampado desde que yo era un niño de primaria y el grito desesperado que Luis me enseñó cuando estaba en la universidad. La estrella azul tal vez ya ni existía y el cinturón de Orión ni siquiera existe. Nadie se cae para arriba.
Abajo me esperaba el planeta tierra: un reportero que le avienta un zapato a uno de los cerdos más grandes que ha conocido el tiempo de la civilización; miles de secuestros anuales sólo en mi ciudad; una supuesta crisis económica que va a causar hambre a quienes producen la comida y mayor riqueza a quienes la tragan. Abajo sólo está la desesperanza de un planeta que no tiene héroes, hombres que estén dispuestos a dar la vida por la humanidad, a inscribirse en el mundo como la huella que termine con este régimen de terror en el que vivimos desde que los burgueses mataron a los monarcas. Atravesando la puerta, está la noticia de un nuevo campeón del futbol mexicano, la tarea pendiente y una escuela que, como toda buena escuela, me aleja de mi. Al final de la escalera están los problemas económicos, la navidad, zapatos que quisiera aventarle al infame presidente vendeculos que me hace no querer tener patria; litros falsos de gasolina; kilos de tres cuartos en la tienda; imbéciles que retan a otros imbéciles a pelear porque no los dejan pasar en el automóvil o entrar al metrobús; profesores de química que reprueban a los niños porque no soportan que alguien tenga una vida mejor a la de ellos; salarios miserables; contratos semanales; despidos para ahorrar; la deuda de un supermercado que pagaremos todos y que destruirá el fin de año de algunos empleados; quiebras falsas de las compañías automotrices; narcotraficantes y policías que se divierten con la libertad que el poder y el terror les dan; una clase media que se extingue; millones de hombres que tienen miedo a morir libres y que prefieren vivir esclavos de un fantasma; abusos, abusos y más abusos; ignorancia; la muerte verdadera de Marx, Nietszche y Freud; la incomprensión de Lacan, Heidegger y Foucault; reporteros de deportes que hablan como si nada pasara afuera de los estadios de soccer; contaminación; el recuerdo de un águila que no vuela más en el sur de la ciudad; un año más treinta; horas para dormir, muchas horas para dormir; un artículo que no quiero reescribir; un niño que quiere una lonchera; un corte de cabello y el riesgo latente de ser asaltado, secuestrado o asesinado por un novato en el crimen, de los que cada día hay más.
Atrás no hay más que una estrella azul que tal vez ya no existe, un universo que nunca conoceré de cerca, una infancia que he luchado por no dejar que termine pero que cada año me cuesta más trabajo soportar, pero ¿es que nadie se cae para arriba?
Friday, December 05, 2008
C.
Ayer estuve charlando con una persona con la que no me había dado cuenta que tengo una pequeña amistad desde hace varios años. Nunca le he escrito ni dicho nada, sin embargo, ella conoce la historia de este blog y fue la primera persona que lo leyó, de hecho siguió los pequeños textos que yo escribía durante el primer año. Creo que aunque jamás comentó nada directamente en este espacio, platicamos cada unop de los posts juntos y conoció cada historia detrás.
¿Somos amigos? No lo sé, pero no es una persona indiferente para mi; no sé si sufriría el no verla nuevamente como pasaría con he man o con rf pero creo que sí me gustaría que tuviera una buena vida, que estudiara y pudiera construir una futuro relajado. Creo que también me gustaría un día poder sentarme a platicar con ella y recordar aqullos meses en los que (¡ni yo lo sabía!) era mi confidente, la persona con la que más platicaba.
Te aprecio mucho C. y creo que mereces este breve comentario.
¿Somos amigos? No lo sé, pero no es una persona indiferente para mi; no sé si sufriría el no verla nuevamente como pasaría con he man o con rf pero creo que sí me gustaría que tuviera una buena vida, que estudiara y pudiera construir una futuro relajado. Creo que también me gustaría un día poder sentarme a platicar con ella y recordar aqullos meses en los que (¡ni yo lo sabía!) era mi confidente, la persona con la que más platicaba.
Te aprecio mucho C. y creo que mereces este breve comentario.
Casi no me reconozco
Entre ayer y hoy me puse a leer posts viejos de este "mi blog" y en verdad hay muchos en los que no me reconozco, de hecho parece que los hubiera escrito otra persona y no sólo eso, muchos posts me resultan detestables, absurdos, redundantes y qué carajo traía yo con eso del amor en alguna época... no, no me gusta.
Thursday, November 27, 2008
Monday, November 03, 2008
Tengo algo mejor...
Un montón de libros apilados en dos habitaciones de mi departamento rentado; más de treinta sin leer.
Tengo algo mejor. Un nintendo y una chica a quien le encanta que juguemos resident evil entre una veintena de otros juegos que nos unen mucho.
Tengo discos y discos de grupos de todas partes, formados, esperando a que los escuche.
Tengo películas y películas que jamás he visto, tengo cablevisión con discovery y national geografic, tengo animal planet.
Tengo bajos y guitarras y amigos con quienes tocarlos.
Tengo una gran novia, mejor que cualquiera que haya conocido jamás.
Tengo ganas de saber si se puede hacer etnología de culturas antiguas y a Claude Calame que dice que sí.
Tengo a Sabrina the teenage witch.
Tengo muchas ganas de jugar basquetbol y mañana lo haré.
Tengo tanto que hacer que no tengo tiempo de vivir la vida de otros...
Tengo algo mejor. Un nintendo y una chica a quien le encanta que juguemos resident evil entre una veintena de otros juegos que nos unen mucho.
Tengo discos y discos de grupos de todas partes, formados, esperando a que los escuche.
Tengo películas y películas que jamás he visto, tengo cablevisión con discovery y national geografic, tengo animal planet.
Tengo bajos y guitarras y amigos con quienes tocarlos.
Tengo una gran novia, mejor que cualquiera que haya conocido jamás.
Tengo ganas de saber si se puede hacer etnología de culturas antiguas y a Claude Calame que dice que sí.
Tengo a Sabrina the teenage witch.
Tengo muchas ganas de jugar basquetbol y mañana lo haré.
Tengo tanto que hacer que no tengo tiempo de vivir la vida de otros...
Thursday, October 30, 2008
Leave those kids alone
Ayuda. El año que sigue se cumplen treinta años de The Wall de Pink Floyd, quiero tocar el disco entero, es el proyecto más ambicioso de mi vida pero necesito músicos, así que si alguien conoce a alguien que se quiera apuntar, están más que invitados.
Por favor...
No vengan a hablarme de los ameros, ni de que Paul murió y el de los beatles es un fraude, ni del chupacabras ni de los mayas y el fin del mundo o de la verdadera cuenta de los años después de cristo. No tengo tiempo, el modelo capitalista se hunde y estoy feliz viendo cómo se cae.
Tal vez lo alcance a ver.
Tal vez lo alcance a ver.
De mi familia materna
Creo que siempre he sabido que mi familia materna es pobre, realmente son personas muy pobres y no porque sean carentes de dinero, sino porque no tiene muchas opciones en la vida, son pobres porque no saben qué hacer con ellos mismos. Mis abuelos, por ejemplo, tienen cerca de noventa años cada uno (ambos viven) y desde hace como veinte no hacen nada diferente a comer y dormir, hace ya como cinco años que no salen ni a la calle más que cuando los llevan al hospital a su chequeo periódico.
Mi tío F. no es más que la sombra de lo que fue cuando yo era niño, no suelo platicar estas historias y, sin embargo, creo que mi relación con él marcó mi vida tanto más que muchas historias que involucran a mis padres. Dicen que me llevaba a la universidad con él, yo recuerdo que en el departamento tan chiquito en el que vivía mi abuelita él tenía una cama para él solo y sobre ella había un restirador que se plegaba y ahí lo veía yo pasar horas y horas haciendo planos en ese papel que es como transparente; yo me acercaba y me sentaba con él, se me hacía impresionante cada uno de los grandes dibujos que veía ahí, de hecho, creo que sé leer un plano desde esa edad (tendría como cinco o seis años), podía entender dónde había una puerta, luz o escaleras... lo admiraba mucho.
A veces recuerdo un libro de dibujo que él tenía, supongo que era universitario y teórico porque tenía muchas más letras que dibujos, sin embargo, tenía la clave para dibujar lo que fuera. En ese libro encontré un trazo de un caballo corriendo con su jinete, todo estaba hecho con óvalos y círculos y yo aprendí a hacer mi jinete con caballo y lo hacía para todo y en todos lados... qué feliz era (ahora no puedo recordarlo lo suficiente para volver a hacerlo).
Había, también, un libro de animales. Recuerdo una imagen de un elefante atacado por un grupo de felinos, según yo, eran tigres, pero ahora sé que los tigres no atacan en manada, aún así, un grupo de tigres atacaban a un elefante y mi F. me dijo que éste era tan fuerte y su piel tan gruesa que entre todos esos animales no podrían hacerle nada (hoy en día dibujo elefantes al por mayor). En fin, creo que él me enseñaba mucho o que yo lo trataba de conocer todo.
No sé cuánto de mi vida esté destinado por mi relación con esas personas, a veces creo que estoy tan lejos de ellos que ni sus muertes podrían tocarme, sin embargo, el fin de semana estuve con ellos, hablaron de sus vidas, lo mismo de cada vez que voy; mi tío me mostró nuevamente lo que hace: unas playeras de colores a las que les había estampado logos y letras de los pumas que él mismo diseñó. Los años de trabajo en arquitectura no pasaron en vano, el hombre es un genio, diseña como los grandes y con un estilo retro que se ve tan actual que si intentara vender sus ideas seguro le sería fácil; pero su idea es poner un mecate afuera de su casa y colgarlas y vender una que otra, ni modo, yo le voy a comprar dos aunque los pumas me cagan la madre.
Mi tío F. no es más que la sombra de lo que fue cuando yo era niño, no suelo platicar estas historias y, sin embargo, creo que mi relación con él marcó mi vida tanto más que muchas historias que involucran a mis padres. Dicen que me llevaba a la universidad con él, yo recuerdo que en el departamento tan chiquito en el que vivía mi abuelita él tenía una cama para él solo y sobre ella había un restirador que se plegaba y ahí lo veía yo pasar horas y horas haciendo planos en ese papel que es como transparente; yo me acercaba y me sentaba con él, se me hacía impresionante cada uno de los grandes dibujos que veía ahí, de hecho, creo que sé leer un plano desde esa edad (tendría como cinco o seis años), podía entender dónde había una puerta, luz o escaleras... lo admiraba mucho.
A veces recuerdo un libro de dibujo que él tenía, supongo que era universitario y teórico porque tenía muchas más letras que dibujos, sin embargo, tenía la clave para dibujar lo que fuera. En ese libro encontré un trazo de un caballo corriendo con su jinete, todo estaba hecho con óvalos y círculos y yo aprendí a hacer mi jinete con caballo y lo hacía para todo y en todos lados... qué feliz era (ahora no puedo recordarlo lo suficiente para volver a hacerlo).
Había, también, un libro de animales. Recuerdo una imagen de un elefante atacado por un grupo de felinos, según yo, eran tigres, pero ahora sé que los tigres no atacan en manada, aún así, un grupo de tigres atacaban a un elefante y mi F. me dijo que éste era tan fuerte y su piel tan gruesa que entre todos esos animales no podrían hacerle nada (hoy en día dibujo elefantes al por mayor). En fin, creo que él me enseñaba mucho o que yo lo trataba de conocer todo.
No sé cuánto de mi vida esté destinado por mi relación con esas personas, a veces creo que estoy tan lejos de ellos que ni sus muertes podrían tocarme, sin embargo, el fin de semana estuve con ellos, hablaron de sus vidas, lo mismo de cada vez que voy; mi tío me mostró nuevamente lo que hace: unas playeras de colores a las que les había estampado logos y letras de los pumas que él mismo diseñó. Los años de trabajo en arquitectura no pasaron en vano, el hombre es un genio, diseña como los grandes y con un estilo retro que se ve tan actual que si intentara vender sus ideas seguro le sería fácil; pero su idea es poner un mecate afuera de su casa y colgarlas y vender una que otra, ni modo, yo le voy a comprar dos aunque los pumas me cagan la madre.
Tuesday, September 16, 2008
gracias
Muchos músicos que no sirven para nada siguen por acá y tú te mueres.
Habría que estar agradecidos contigo. Los discos de Pink Floyd son, en una palabra, emocionantes. La sicodelia más incisiva. Siempre supiste alejarte de payasadas contemporáneas con sabor a San Franciso. El progresivo más elegante. Nada que ver con el virtuosismo cirquero de tantos fanfarrones.
Nunca veré a Pink Floyd completo. Cuando era adolescente me conmovió descubrir Echoes. Recuerdo cómo me estremecía. Hoy me estremece cada vez más. También Atom Heart Mother me conmueve. El Dark Side of the Moon. Tu piano en The Great Gig in the Sky. Recuerdo cuando vi por primera vez el en vivo en Pompeya. Cualquier concierto grabado palidece ante esa obra maestra. Un disco en vivo sin más público que ustedes mismos. Mi versión favorita de Saucerful of Secrets es esa. Los entendidos dicen que su más grande disco fue el Piper. No sé. A mí sí me fascina el Dark Side. Pero es que toco la guitarra y Gilmour me puede mucho. Syd estaba más allá de ustedes, incluso, creo yo. El The Wall no me gusta mucho. Ya es como una ópera rock. El Final Cut ni siquiera parece un disco, no te perdiste de nada. Pero cuando pensábamos que todo estaba perdido grabaron High Hopes. Ese solo de Gilmour vale más que la carrera entera de muchos grupos de hoy en día.
Ahora nos quedan los discos. A escucharlos de nuevo. A rompernos el corazón con Obscured by Clouds y la cabeza con More.
rf
Habría que estar agradecidos contigo. Los discos de Pink Floyd son, en una palabra, emocionantes. La sicodelia más incisiva. Siempre supiste alejarte de payasadas contemporáneas con sabor a San Franciso. El progresivo más elegante. Nada que ver con el virtuosismo cirquero de tantos fanfarrones.
Nunca veré a Pink Floyd completo. Cuando era adolescente me conmovió descubrir Echoes. Recuerdo cómo me estremecía. Hoy me estremece cada vez más. También Atom Heart Mother me conmueve. El Dark Side of the Moon. Tu piano en The Great Gig in the Sky. Recuerdo cuando vi por primera vez el en vivo en Pompeya. Cualquier concierto grabado palidece ante esa obra maestra. Un disco en vivo sin más público que ustedes mismos. Mi versión favorita de Saucerful of Secrets es esa. Los entendidos dicen que su más grande disco fue el Piper. No sé. A mí sí me fascina el Dark Side. Pero es que toco la guitarra y Gilmour me puede mucho. Syd estaba más allá de ustedes, incluso, creo yo. El The Wall no me gusta mucho. Ya es como una ópera rock. El Final Cut ni siquiera parece un disco, no te perdiste de nada. Pero cuando pensábamos que todo estaba perdido grabaron High Hopes. Ese solo de Gilmour vale más que la carrera entera de muchos grupos de hoy en día.
Ahora nos quedan los discos. A escucharlos de nuevo. A rompernos el corazón con Obscured by Clouds y la cabeza con More.
rf
Monday, September 15, 2008
Remember that night
Cuando estaba en verdad triste ponía discos y discos de Pink Floyd en el carrusel de mi estereo y me recostaba en un sillón a escuchar durante horas esa música que hacía que pareciera que el mundo entero no existía.
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