Muchos músicos que no sirven para nada siguen por acá y tú te mueres.
Habría que estar agradecidos contigo. Los discos de Pink Floyd son, en una palabra, emocionantes. La sicodelia más incisiva. Siempre supiste alejarte de payasadas contemporáneas con sabor a San Franciso. El progresivo más elegante. Nada que ver con el virtuosismo cirquero de tantos fanfarrones.
Nunca veré a Pink Floyd completo. Cuando era adolescente me conmovió descubrir Echoes. Recuerdo cómo me estremecía. Hoy me estremece cada vez más. También Atom Heart Mother me conmueve. El Dark Side of the Moon. Tu piano en The Great Gig in the Sky. Recuerdo cuando vi por primera vez el en vivo en Pompeya. Cualquier concierto grabado palidece ante esa obra maestra. Un disco en vivo sin más público que ustedes mismos. Mi versión favorita de Saucerful of Secrets es esa. Los entendidos dicen que su más grande disco fue el Piper. No sé. A mí sí me fascina el Dark Side. Pero es que toco la guitarra y Gilmour me puede mucho. Syd estaba más allá de ustedes, incluso, creo yo. El The Wall no me gusta mucho. Ya es como una ópera rock. El Final Cut ni siquiera parece un disco, no te perdiste de nada. Pero cuando pensábamos que todo estaba perdido grabaron High Hopes. Ese solo de Gilmour vale más que la carrera entera de muchos grupos de hoy en día.
Ahora nos quedan los discos. A escucharlos de nuevo. A rompernos el corazón con Obscured by Clouds y la cabeza con More.
rf
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