Wednesday, September 24, 2014

Él y yo

He sido una persona egoísta, he sido una persona muy egoísta y conozco el egoísmo. Éste es no más que la forma más estúpida del miedo, la más estúpida y la más ignorante. Es sólo por ignorancia que se puede ser egoísta, sólo porque no se sabe que se daña a la humanidad entera en la egolatría excesiva de nosotros; es que se ignora que el dispositivo arrogante del amor egoíco es también la forma más clara de servilismo que existe, la forma más atroz de la esclavitud: la voluntaria.

Pero repito, el egoísmo no es más que ignorancia... y olvido. Es olvido de sí mismo, distancia magnánima de uno con uno, abandono. Y yo he sido egoísta y por lo tanto olvidado y abandonado de mí mismo. Tanto que me hice psicoanalista, de los peores, me hice bueno, quizá muy bueno. Pero ¿qué es un psicoanalista bueno? No más que un agricultor que siembra y cosecha subjetividades; excesos de sí, de otredades involuntarias, inconscientes, lingüistéricas, como pueden y suelen llamarse. Lacan más de una vez dijo "me sirvo mientras me sirve" y matematizó a Hegel u objetopetitalizó a Antígona y a Ofelia. Lacan nos enseñó la siembra y la cosecha de subjetividad y la veneración de la misma y la transformó en deseo, en una barra con la que presenta a "uno" de sus sujetos al que troquela posteriormente para ligarlo, para alienarsepararlo de un objeto ficticio pero intocable, el "a" minúscula y todo lo cierra ahí, la infranqueable castración, la irrebasable falta, destino subjetivo involuntario del hombre: ignorancia, olvido, egoísmo.

¡Ah! el psicoanalista, el que no puede comprender nada, le aterra comprender porque si comprendiera quedaría fuera de la doctrina, fuera de Lacan, fuera del pase, de l'ecole. El psicoanalista, el psicoanalista. Llevo varias charlas con uno, con un muy psicoanalista, me encanta porque estamos en le punto en el que no podemos pisar el mismo terreno, cuando hablo de decisión él escucha YO DECIDO, cuando hablo de voluntad él disiente porque entiende control (y seguro escucha al hombre de las ratas freudiano), cuando digo Verdad él entiende saber, consciencia y apropiación. El psicoanalista, el psicoanalista no puede escuchar; irónico, años de entrenamiento y trabajo sobre la escucha y está sordo, en Heidegger escucha religión, sí, religión, no tiene idea de lo divino o lo sagrado, cree en un Dios que es tan único que cualquiera que hable de sacralidad estaría haciendo referencia a ese Dios. ¡Ay! el psicoanalista es muy pobrecito.

Me resulta impactante, no más triste, impactante que a décadas de inicio de una práctica se haya vuelto tan duro mi amigo, el psicoanalista, pero también me duele un poco porque en él había encontrado con quien hablar de todo, en su campo... claro, en el campo psicoanalítico. Pero ya no más, porque cuando escucha "obligación moral" escucha al enemigo más grande de la liberación del deseo y duele su ignorancia, porque cuando se le habla de una obligación moral con la existencia y con los otros, él escucha no liberación o no libertad y tristemente no tiene idea de la libertad. Nunca, jamás mi amigo entenderá qué es ser campo, qué es permitir que "eso", que lo que es salga al encuentro, nunca podrá escuchar la palabra verdad sin miedo y sin decir "¿cuál verdad?". Mi amigo está roto en sí mismo, no es ni será libre jamás porque a él le habla la lengua, los síntomas, el significante; a él no le habla el universo, no le habla el silencio, no le sale al encuentro la existencia, nunca, jamás podrá dar cuenta de nada; porque justo para él no se puede dar cuenta de, y es que eso implicaría consciencia y saber. No hay sendero, ni lo habrá, es un policía de la individualidad y del egoísmo y pensar que hace mucho estuve ahí mismo y hoy me alegra estar en el mundo y ser, por fin, un viajero.

Sea pues, fuera de la caverna habrá experiencia y seremos campo.

1 comment:

fvlsereverecandiditibisoles said...

Es que eres muy terco, no aprendes a identificar historia con biografía, y tal.