Sunday, September 07, 2014

Adiós o de verdad ¡GRACIAS TOTALES!



¿Qué te escribo? Ya son varios días de la noticia y la dignidad de tu existencia me había impedido escribir: mereces mucho más tiempo. ¿Qué te escribo? ¿Que me dueles? ¿Que te admiro? ¿Que me salvaste? ¿Que me criaste? ¿Que te escribo Gustavo Adrián? ¿Que dejaste el mundo vacío, muy vacío? ¿Que desde que te fuiste no encuentro notas en la tierra? ¿Que en verdad te esperaba de vuelta? ¿Que sabe a tristeza la tarde? ¿Que te escribo Gustavo, qué te escribo Cerati?

Te fuiste y otra vez mi blog sirve para hablar de un muerto, tú, el primero, el inicio, tú que me enseñaste a escuchar, que hiciste del sonido un lugar, un sitio: Tú.

1989, yo no sabía nada, el muro de Berlín era una noticia de la que hablaban los grandes (no los de mi familia, esos no hablaban de mucho); escuchaba a ese grupo español de simples notas y facilidad auditiva, no digo su nombre, aquí sólo tú y Soda caben. Manuel Antonio era el niño grande al que me acercaba para aprender, ya no estaba Carlos; Ivette Moreira me gustaba, era su novia, yo tenía doce años y a ellos les gustaba tu grupo. Había otros niños, era 1989 y aún los niños nos juntábamos porque nuestros papás se juntaban y jugaban cartas; yo sabía tocar el órgano aquel de pedales y Manuel la guitarra, queríamos un grupo, así te conocí, él dijo que había que escucharte y yo compré un caset en los piratas de corregidora en el Centro. No sé cuál fue la primera canción que escuché pero la intro de signos me hizo algo. Yo no sabía nada, sufre mamón era todo lo que era la música para mí y años de José José o Lucha Villa, pero signos me hizo algo.

Para mí, hasta ese día, la música era lineal, recta, tenía un principio y un fin y decía algo, siempre decía algo, casi siempre un relato de algo, como sentimientos o agonías, sí agonías parecía todo. Yo no tenía Beatles, mi padre oía a Alberto Vázquez, mucho menos a Pink Floyd, mi madre tenía discos de Daniela Romo; no había referentes, la música era un relato lineal agónico que siempre decía algo malo, intenso y desgraciado. Pero yo sabía tocar el órgano porque vi a un tipo tocar la canción de la Guerra de las Galaxias en una Sala Chopin en Perisur, así que quería tener un grupo y Manuel Antonio me dijo que te escuchara y me compré un caset pirata y encontré la intro de signos.

Podía ser cualquier cosa pero no había una línea ni una desgracia, Signos era una esfera, una caverna, era algo distinto. Quizá no pueda hablar con claridad de la experiencia, menos porque entonces yo no entendía nada, pero esa intro hacía un lugar, había un lugar en signos, se podía caminar dentro de la canción y voltear y mirar esas figuras sin definir, se existía dentro de la canción de una manera que era irrepetible en otras circunstancias. Signos no tenía falsedad ni comercialidad, por primera vez había visto la creación artística y, hasta hoy que has muerto, lo sé.

Después lo demás, Persiana Americana, La cúpula; después Pic nic en el cuarto B, Vitaminas y la ciudad de la furia; tuve que esperar cuatro años más para tener mi grupo y algunos meses para tocar alguna canción de ustedes. El Dynamo apareció en un intercambio de navidad en la preparatoria y Primavera 0 se acomodó entre mis canciones favoritas de la vida; después los gemelos entre bocinas y Zoom y tú diciendo que en México no se hacía música. Muchos años pasaron y cada uno de ellos se marcó por canciones tuyas, como un familiar estabas ahí, siempre, presente, cercano, constante.

Meditándolo, nunca me alejé de Soda, siempre estaban tus cabellos rizados y ese sombrero negro en mi mente, en mis referencias; te habías hecho todo tú un lugar y nos dejabas habitarte y nosotros lo hacíamos, America Latina lo hacía. Todavía hoy eres un referente, te fuiste como un referente, un continente te llora, te sigue llorando y no se le nota fin a su llanto por tu partida. ¿Sabes? Tú eres nosotros, los latinos, todos, porque todos te conocemos y te hemos cantado, porque todos sabemos gritar el ventilador desgarrandote; somos tus habitantes Gustavo y en ti conocemos la eternidad. Dueles.

Hay tanto, amigo. Cuando te fuiste, ¿sabías que el disco más lleno de amor en el mundo lo hiciste tú? ¿Lo escuchabas? Aún se me eriza la piel con suele ser duro aprender a respirar, aún siento el reprise de A merced como la cumbre del sueño amoroso de un hombre hacía su hija: Amor amarillo, amor, amar y yo, sigue siendo habitable y sigue siendo el más grande y sigue siendo tú.

Mi hermano amaba ese disco, se sabía cada guitarra, cada arpegio, cada voz, para él no eras solo sitio y experiencia, para él eras maestro; no imaginas cuanto su estilo en la guitarra suena a ti, de hecho tuvo una guitarra como la tuya y quería tu pedalera. ¡Ay! cuanto te escuchamos juntos, tu unplugged lo vimos el día que salió y babeamos con la ciudad de la furia y reconocimos el toque de High Hopes al final de tu requinto y admiramos que no hiciste la payasada de tocar lo mismo con guitarras acústicas sino que decidiste hacer música para volar y tardamos años en poder usar el CD interactivo porque no teníamos una computadora capaz. ¡Qué grande nos fuiste Gustavo!

Después Puente, Raíz, Los primeros tres minutos, luego crimen y en todo eso la pausa de Soda y el último concierto y tu famosa frase, Gracias totales. Luego el retorno y fui a cada uno de los conciertos y te vi y te escuché y eras el jovencito de finales de los ochenta corriendo en el escenario y haciendo magia con la guitarra, cerca de Zeta y Charly, cuánto tocaste en el último concierto, tres horas habrán sido, alguien te aventó un cojín y te enojaste. Ese día lloré porque la foto final de ustedes tres me devolvió a mis doce años, cuando Manuel Antonio me dijo que te escuchara y compré ese caset pirata en el que venía signos y la llave del arte como experiencia y como hogar.

Hay tanto en lo que has estado que no sé si algún día podría terminar de escribir este texto. Serenatas, alegrías, tristezas, fraternidad, amistad, aventuras, diversión, todo ha encontrado una marca en ti y no hay palabras para agradecértelo. Ya te fuiste, muy pronto para mi gusto, nos hacías mucha falta en nuestra sangrante latinoamérica. Ya te fuiste y nos dejaste, solos en tu casa, donde serás siempre campo y desde ahora ausencia. Te fuiste y nosotros nos quedamos. Lamentablemente no soy creyente, así que no pienso que le cantas a ningún dios ni que ya te veré en el paraíso, te fuiste y se acabó, no más Cerati, nunca un nuevo disco, nunca otro concierto, te fuiste y dejaste al mundo sin ti pero con tu nombre, tu estilo y tu grandeza tatuados en ese rincón del planeta que se llama América latina.

Te vamos a extrañar Gustavo Adrían, Gracias, gracias, gracias totales por haberme dado esta oportunidad y esta posibilidad; que mi vida, cuando pueda, sirva para honrar la tuya y para admirarla cada día y que tu grandeza no se acabe jamás

No comments: