Hay que ser hombre para tomar la vida en las manos propias, hay que ser valiente, fuerte, pero principalmente resistir de pie ante la gran batalla...
Tú tuviste ganas, pero jamás tuviste fuerza y hoy sólo te quedan otras ganas: las ganas de olvidar que tuviste ganas, las ganas de engañarte y creer que estabas equivocado, que eso no existe ni puede existir...
Pero hoy cuando te veo a los ojos y tú ves los míos sé que lejos, lejos como estás, aún está aquel niño con el que yo aprendí a resistirme y a tener fuerza...
Sé que no puedo traerte, que no puedo ir por ti a la tiniebla en la que quieres estar hundido, pero también sé que puedo esperarte...
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