Monday, June 08, 2009

Yo no soy antropólogo

Pero tampoco soy otra cosa. Yo estudié psicología pero no soy, nunca he sido y jamás seré psicólogo, tengo una cédula que me acredita como tal, pero jamás he pensado que esa pequeña tarjeta me defina en mi pensamiento "científico". No soy antropólogo y, de hecho, desprecio a la mayoría de ellos. Pero tampoco soy otra cosa; no soy un idealista ni un revolucionario, de hecho me acerco más a ser un filósofo pero me falta rigor para poder considerarme parte de este grupo espectacular de personas.

No soy antropólogo y creo que nunca llegaré a serlo, aunque acumule una segunda cédula en el cajón de las cosas que no me definen pero que me permiten trabajar (junto con mi certificado de secundaria, preparatoria y universidad o junto a los diplomas de cursos y conferencias a los que he asistido o que he impartido). Yo no soy antropólogo pero tengo gustos revolucionarios y antojos emancipatorios. No me gustan los indígenas pero tampoco me gustan los actores holliwoodenses ni la comida árabe; detesto a los sectores "cultos" de mi país y me desagrada el humor inglés tanto como el cuerpo de la mayoría de las australianas pasadas de los treintaicinco años. No es que deteste en particular esa raza extraña que se hace amante de los colores chillantes y malcombinados de ciertos grupos pequeños de alguna sierra de mi país, pero detesto a la gente que no sabe tener una pasión, es decir, a todos aquellos que hacen lo que se les dice que deben de hacer; no sólo a nivel televisivo o familiar, sino también científico y profesional. Detesto, en particular, a aquellos que han escrito libros o artículos que se han hecho publicables sólo porque cumplen con ciertos lineaminetos estilísticos e institucionales; y detesto en particula a aquellos que fuerzan a sus alumnos a leerlos o citarlos sólo porque la publicación existe. Pero aborrezco más a aquellos que no se percatan de lo ridículo que es vivir y respirar en este ambiente; esos son los peores, basura orgánica que alimenta los hongos parasitarios del pensamiento. Y por eso no sólo no soy antropólogo, sino que tampoco soy un científico, ni pertenezco a disciplina alguna.

Sin embargo, he conocido a antropólogos que son hombres antes que antropólogos, que se han valido de la antropología para satisfacer un ideal de independencia y desarrollo. A esos los respeto y, hoy en día, los admiro. Sea mi tutor o uno de mis compañeros que dedica su vida a una región en Oaxaca, son personas que me han mostrado una forma de revolución que yo era incapaz de pensar y que es la única posible.

Yo pensé en la revolución siempre como esa figura imposible porque requiere grupo, porque requiere masa y porque depende de estas figuras tan sin criterio que son los grupos grandes de seres humanos. Todoas las revoluciones me lo habían probado: la revolución es imposible. Sin embargo, hoy he aprendido que hay hombres que se aproximan a pequeños grupos, que se interesan por ellos, que los conocen y aprenden a vivir con ellos; hombres que retoman lo propio de dichos grupos y le hacen saber a aquellos que "estudian" que existen cosas propias e identitarias: Pero no sólo las ropas y los productos artesanales que sólo sirven para fomentar un indigenismo comercialista; más bien muestran que existen formas de distribución y organización sociales que superan a las imposiciones políticas de una nación que contiene y encarcela más que permitir un crecimiento. A estas personas les interesa mostrar que cada grupo tiene una propiedad de sí, de su terreno, de sus productos y hasta de su lengua; propiedad que pueden explotar para independizarse y desarrollarse en el interior de su propia estructura, para, finalmente, crecer como grupo y poder aliarse a otros grupos en lña misma situación y luego, al final, hacer una nación.

Creo que esta es la mejor figura del ideal revolucionario que he visto jamás. Grupos independientes que se desarrollan individualmente, que mejoran su calidad de vida desde su particularidad y que después se agrupan con otros para generar una nación de estados independientes que colaboran en el desarrollo conjunto pero que se respetan en la particularidad que les caracteriza.

Me parece que he planteado un ideal chairo y super etnofashionista, sin embargo digo unas palabras en mi favor y en favor de mi convicción ultracapitalista y occidental-europeizada: Esta figura ya la conocemos y lo hacemos muy bien, en 1776 (si no me equivoco) la nación más grande del mundo se fundó de trece colonias pequeñas e independientes que decidieron aliarse para separarse de los británicos y formar un país que, aún hoy, mantiene y sostiene la independencia de cada uno de sus estados integrantes. Un país en el que reina esa libertad, la de independencia y que se traduce en la maravilla de la libertad de expresión, creencia, culto o pensamiento. Figuras todas de individualidad de los hombres y muestra de la capacidad que cada uno tiene de elegir, incluso si la elección es ser un imbécil como los republicanos.

Espero un juicio benevolente de rf después de este post y que los metiches de mis espías escolares no impriman la parte de arriba para cusarme de desertor, malvado y traicionero.

1 comment:

fvlsereverecandiditibisoles said...

Yo soy un metiche de tu blog y quiero decir que este neologismo "etnofashionista" está increíble, ¡pero qué grande que es!