Con mucha más soledad de la que había pasado los últimos meses, este fin de semana lo aproveché para estar verdaderamente acompañado, decidí despedirme de todos aquellos de quien quería despedirme e inicié los abrazos y las despedidas desde el jueves: jamás pensé conocer a tantas personas y estimarlas en tan poco tiempo.
El jueves tocó iniciar las despedidas de los lugares, L'international fue el primer sitio al que dije adiós y a lado de mi mejor amigo en París; después el centro Minkowska en el que muchas personas me conocían y me despidieron con un calor muy agradable. El sábado inició la verdadera despedida pero, oh sorpresa, era la fiesta anual de la Citè y desde el viernes hubo un momntón de eventos en los que traté de estar todo el tiempo con todo mundo.
El sábado en la mañana el Dr, Jean Garrabé me regaló un libro más y una maleta, además del acostumbrado almuerzo en el restaurante de ese italiano que habla rapidísimo y que siempre me da la mano; después Marcelo, Azza, Ivan, luego los mexicanos y los suizos y la vikinga a quien quiero muchísimo, pero lo mejor fue que por fin Rossela, la italiana con quien intenté mis primeras palabras en francés, estuvo toda la noche despidiéndose de mi, ella parte mañana en la mañana, yo al día siguiente y no hizo nada más, no vió a nadie más, no estuvo con nadie más, se despidió absolutamente de mi, bailamos (y yo sigo odiando bailar) toda la noche, hasta las cuatro de la mañana que con el cansancio del final ela dijo: extoy cansada, luego un abrazo y el mejor deseo de todos los que puedo tener para alguien, buena vida amiga y a lo que respondió que nos veríamos pronto, en barcelona, roma o méxico; nos abrazamos, los dos besos oficiales en París (tres en suiza), nos apretamos fuerte y se dio la vuelta y la vi caminar de espaldas quizá por última vez en la vida y caminé hacia el otro lado, hacia casa.
Lo verdaderamente doloroso de esa noche fue la despedida de mi amigo Marcelo, ese hombre que me dio tanto en europa y que no se ha dado cuenta de lo grande que es, de lo maravilloso ser humano y lo talentoso de su andar por la vida. No hablamos mucho, sabíamos que era la última, quizá para siempre, quizá sólo hasta octubre que yo vuelva a buscarlo a este continente en el que él quiere quedarse a pesar de las dificultades reales que tiene; o hablamos mucho pero dijo: che te agradezco, no sé todoavía qué, si él es quien hizo por mi todo lo que un amigo puede hacer, quien agradece soy yo. Después de fumar un pucho entramos una vez más a la casa en la que vivimos juntos y la que nos vio hacernos amigos y tomamos la última foto y nos abrazamos muy fuerte, más fuerte que cualquier otro abrazo que haya sentido y dado en toda mi vida y él se quebró y lloró, el hombre de 44 años que se atreve a todo con las minas lloró y dijo las palabras más hermosas que he oído jamás: Gracias amigo... No he escuchado nunca algo tan sincero, dijo Te quiero y yo dije lo mismo y no sé por qué sigo sufriendo mucho esa despedida. Hasta pronto, hasta siempre ¿qué palabras se pueden decir cuando el siguiente encuentro es tan incierto como la eternidad? ¿Cómo soportar decir un involuntario adiós cuando no hay promesa de un nuevo hola? Me dio la espalda, creo que el primero a mi y subió las escaleras que ya jamás subiremos juntos, en las que nunca más volveremos a decir que nos vemos para ir al comedor. Yo hice trampa y lo vi subir llorando por el huequito de las escaleras, lo vi correr, alejarse, vi su figura joven a pesar del tiempo deslizarse en medio de lágrimas por un camino que hasta ese día había sido nuestro y que ahora se quedaba sólo para él. No lloré sino hasta hoy al medio día, me quebré y sentí el dolor de la imposibilidad de mantener la vida, porque hoy lo que me despertó y movió de la cama fue la idea de que la muerte es tan inevitable como ese adiós de dos hombres que como ninños hicieron una vida juntos, hermanados. Hice un hermano en París.
Después me abracé a Rossella y luego compartimos el dolor de la despedida toda la noche, su media vuelta no me dolió tanto pero me arrancó mucho, como la de él. Hoy Simone, mi vikinga favorita, me abrazó tres o cuatro veces y me dijo con su acento alemán: nos vemos pronto, en méxico, en barcelona o en alemania, es una gran amiga, de las mejores. Después Lukas, Victoria quien me acompañó hasta la puerta, Silvana a quien veré en julio en México y Xristina la ruda mediocampista del equipo, todos ellos con algunas bellas palabras, fotos y abrazos. Por último Azza, quien tuvo el detalle de invitarme a comer comida de Tunez con guacamole, me presentó a su madre y me forzó a hablar media hora en francés, me acompañó al banco y le dije que lo que admiro de ella y la gente como ella; después sus lágrimas, un abrazo, un beso, como los mexicanos, sólo uno y un hasta luego, nos dimos la espalda y caminé hasta acá, dormí, esperé noticias y ahora me preparo para el último día en París.
Faltan Sanda, Ivan, Alexandra, Alejandro y la persona más especial y mi compañera más importante en todo París, quien me recibió en Minkowska y desde ahí se ha mantenido conmigo en cada momento, mi cómplice en todo, en el paseo en lo ilegal y en cualquier trámite burocrático francés, hoy casi el destino nos pone lejos de poder despedirnos pero ya se arregló todo, así que Wara, mañana diremos adiós juntos, te quedas con París unos días, lo cuidas bien, te abrazas con quien falte y le recuerdas a todos que acá hicimos lo que quisimos, cuando qusimos y como quisimos y que París fue nuestro reino desde enero y hasta hoy: Te voy a extrañar más que a todos pero voy a tomar tu promesa como compromiso y estaré en Barcelona más pronto de lo que crees. Eres grande y por eso todos te quieren, abrázalos una vez más de mi parte y buena suerte en todo lo que viene.
Así transcurrieron las primeras horas del adiós, no creo narrar más después, pero en verdad quiero dejar(me) claro que esto duele, a ver si al escribirlo deja de doler tanto.
(es tarde pa revisar estilo y ortografía)
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