Wednesday, May 26, 2010

Diario de campo 41 - Nomás aquí

Con internet y tiempo me acerco a contar una pequeña historia: Hoy fui al aeropuerto de Orly, a media hora de París en autobus, lo tomé precisamente en la estación del RER que tomaba para mi antigua casa y que ahora se veía tan lejana como mi ventana enorme frente al escritorio que recibía los pocos rayos de luz que aparecían en el durísimo invierno francés. Hace ya un mes que no vivo en ese lugar, en la ciudad universitaria que tanto y tanto disfruté, ya ni voy por allá, ni siquiera al comedor con mis viejos-nuevos amigos de la banda inmigrante. Hoy, mientras viajaba en el Orlybus, el camino me provocó una extraña sensación: precisamente, al dar una vuelta, vi una calle de camellón y una esquina que me pareció idéntica a la esquina de Viveros y Miguel Ángel de Quevedo, fue absolutamente extraño, no podía encajar los sucesos, sentía mi casa, mi hogar frente a mi, sabía que estaba en París aún, que esa calle era cualquiera, pero la sensación duró mucho tiempo, como si estuviera cerca, cerca de mi hogar. De pronto un letrero: FLEURS, y a un lado el grec y la tienda de discos, estaba en la Cité Universitaire, justo a un costado, pasaba a un lado, el camellón era la ruta del tramway y la esquina que vi era la del parque Montsouris, la sensación de hogar era clara, yo hice de la casa suiza mi hogar, mi refugio, lo mío, lo que en verdad era (o es) mío. Así es como uno sabe cuando ha retrasado una partida, se puede ser un paria, pero no se puede vivir sin hogar.

Yo viví en París, tuve una casa y una vida, llegué con nada o con puro miedo, me voy lleno de una experiencia: haber empezado desde cero y tener hoy un hogar al cual extrañar en esta ciudad que me regresó el alma y las ganas de seguir teniendo ocho años.

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