La venganza es un plato que se prepara con paciencia, debe olerse varias veces antes de servirlo pero nunca hay que precipitarse en probarlo; siempre debe servirse bien cocido para evitar efectos secundarios. Este platillo suele ser muy dulce pero no por eso debe consumirse en pequeñas porciones, debe comerse todo de una buena vez, no debe reservarse nada para después, si ha sido bien cocinado una sola porción será suficiente; eso sí, la porción debe ser abundante para degustar cada uno de sus ingredientes (ira, rencor, rabia, etc.).
El ingrediente principal (un ego herido) debe cuidarse muy bien antes de la preparación, debe evitarse cualquier contacto con otros de los ingredientes previo a la cocción. Deberá matenerse un tiempo aislado y conseguir enfriarlo de manera que no pueda verse afectado por ninguna emoción causada por el aumento de la temperatura. Una vez que se encuentra bastante frío, entonces debe ponerse en marcha la receta, marinándolo en corage con una pizca de promesa. Al servirlo deberán ponerse primero todos los ingredientes juntos y finalmente servir el ego aún frío en el plato principal; una vez hecho esto, la venganza encontrará la mezcla perfecta y generará uno de los sabores más intensos y más placenteros de la cocina universal.
Si este plato es bien cocinado y se come en el momento justo dejará siempre un sabor a descanso aderezado con olvido sin mencionar un exquisito gusto de libertad.
Una vez terminado el plato no será necesario preparar otro sino hasta una nueva cosecha de malas acciones que, si los ciclos del mundo son justos, será muy difícil que vuelva a suceder.
Mal preparada, la venganza toma un aspecto descolorido parecido al amarillo y se transforma en revancha. Este plato, aunque sabe bien, nunca es suficinte, genera irritación y a veces adicción; anula el cálido sabor del olvido e impide al descanso soltar todo su aroma. Además, los restos de una revancha pueden generar más revancha donde sea y esta puede resultar nociva para el resto de los ingredientes de la cocina de la vida.
La mayoría de los seres humanos no saben preparar venganza, más bien son comedores de revanchitas mediocres. El secreto es conseguir una buena dosis de olvido para el platillo final y lo principal, comerse todo el ego herido ya que el sobrante de esta carne se pudre muy fácilmente y produce un hongo que es muy difícil de eliminar, mismo con el cual se preparan las peores revanchas, esas que saben igual que el amor desesperado. En este caso siempre quedará un sabor a humillación que durará días en el paladar antes de desaparecer y casi nunca totalmente.
La principal diferencia entre revancha y venganza es que la primera genera padecimeinto en el degustante, la segunda placer. Así que si no prepararán bien su venganza mejor no cocinen revanchas y dejen a los grandes hombres hacer la gran comida.
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1 comment:
voluptuoso...elsol
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