¿Por qué te equivocas? ¿Por qué eres tan ciego? ¿Por qué crees haber encontrado ahí un oasis en el desierto de la eterna carencia en la que hemos vivido desde niños?
Tú estás equivocado y lo sabes y lo sabes más que nadie y te empeñas en creer que acertaste, que estás en un palacio cuando no estás más que en una vecindad de colonia suburbana. Estás equivocado. Tú sabes que estás equivocado. Te empeñas en hacerte creer que no estás equivocado, te empeñas en hacernos creer que no estás equivocado, pero cada día cuando te despiertas, cuando volteas y miras el terreno que pisas, cuando observas lo lejos que está de parecerse a lo que siempre has buscado, cierras los ojos y tratas de no ver y lo haces porque crees que ya es hora, que debes por fin establecerte en un terreno sólido (como si éste lo fuera), pero te equivocas, el camino recien comienza y tú crees que ya es tarde: ingenuo. Para el tiempo de pensar que es tarde falta tanto; pero la urgencia por parar ahora el tren te hace no ver que la verdadera estación te espera a mucha distancia de donde hoy, crees haber encontrado el sitio de llegada.
No pregunto por qué te equivocas, sé de qué estás hecho y sé la razón; mi pregunta es por qué insistes en creer el cuento que te estás contando, por qué tú pareces querer dejar de ser valiente, si tú me has hecho valiente, si tu compañía ha sido suficiente para que yo sea valiente: lo sabes, lo sabes mejor que nadie, pero ya no le apuestas a esa carta, sólo porque otros pobres bañados en oro dicen que hay que ser diferente, dicen que hay que ser igual.
Pero te equivocas, no hay que dar la vida para tener un album de fotos.
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