Hace más de quince años escuche por primera vez una banda que cambiaría totalmente el curso de mi vida. Nunca desde que nací me había afiliado tanto a nada; entonces yo no tenía mucho dinero pero cuanto podía lo gastaba en discos o casets de Pink Floyd. En mi cumpleaños 17 el único regalo que recibí fue el The Wall y unas noches después tomé mi contrabajo y dediqué cada minuto a "sacar" y aprenderme cada canción de ese disco... No fue la única noche, con cada disco que compraba la costumbre se afianzaba, yo sabía más y más canciones que después tocaba con mi hermano o mientras veía algún video de ellos en vivo: habían puesto mi vida en un lugar.
Hoy los nombres Roger Waters, David Gilmour, Nick Mason y Richard Wright dicen más para mí que cualquier nombre con mis apellidos, más que cualquier huella de una historia que me haría mexicano u occidental; sus rostros, sus voces, sus estilos puedo reconocerlos en cualquier parte del mundo, con cualquier distracción, en cualquier situación, ellos han sido un motivo para mí. Por ello hoy la palabra Wright es más húmeda que nunca, por ello el Dark side of the moon no dejará de sonar hasta que él esté bien fijo en mi memoria.
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