Tuesday, July 17, 2012

¿De qué han servido los estudios de género?

¿De qué han servido los estudios de género? De nada. Únicamente se han agregado a esa serie de mecanismos que el occidente moderno ha inventado para mantener una particularización, una atomización excesiva. El amor por las particularidades, por las especificidades, el afán microscópico es lo que la explosión de los géneros ha dejado a la vista. Feminización, homosexualización, alternativización son cadenas del hombre moderno y de su nueva religiosidad. Adoradores de lo uno y ciegos ante el UNO, hoy hemos particularizado tanto los fenómenos que imposibilitamos su pensamiento. Veneramos la subjetividad como el Dios último al que no se puede derribar: ser mujer implica una intelección del mundo que “solo” ellas pueden comprender, exceso que repite la vieja idea de un loco cuyo mundo es inescrutable; así como ser homosexual constituye un campo visual tan único que ha quedado codificado en prácticas definitorias que, lejos de liberar, encarcelan, limitan.

Es curioso que a nadie parezca llamarle la atención el hecho de que después de los años 60-70 los movimientos homosexuales y feministas hayan florecido y prosperado invadiéndolo prácticamente todo hoy en día y que los movimientos estudiantiles, revolucionarios, rebeldes, hayan sido apagados por una doble violencia: la física y la publicitaria; y es curioso que esa segunda forma de violencia haya sido el eje de la prosperidad de lo que hoy se llama género, porque esa palabra no es más descriptiva o clasificatoria, es determinante de un orgullo que aleja cada vez más al hombre de sí mismo y lo captura en los dobleces de un disfraz que siempre queda injusto pero que se porta con una obligatoriedad gozosa, gozante.

Así lo uno ha distanciado al hombre del pensamiento, del pensar que piensa en tanto que se piensa. El hombre ya piensa lo uno, no más lo otro, a lo que ignora respetándolo, tolerándolo ni piensa al UNO, al que teme, al que ha confundido con totalidades amenazantes de las particularidades, porque lo específico se defiende en el temor de lo absoluto, de lo todo. Y es que el hombre moderno, el subjetivo, ha confundido la voz de Hitler con la amenazante voz de un Dios que condena la libertad, decidiendo olvidar que la espiritualidad no es religiosa sino pensante; el hombre genérico ha inventado palabras como fascismo para condenar todo acercamiento a una totalidad pensante y absoluta; el hombre que somos se ha olvidado de sí para confundirse con figuras producidas masivamente en el orden del consumo. El hombre de hoy se ha hecho adorador de los átomos como formas valiosas de los unos; ha decidido un Dios invencible con el que cohabita en el desierto de la creación. Para el artista moderno, por ejemplo, todo está hecho y por eso puede hacer cualquier cosa: desastre del surrealismo o del pop. Cualquiera escribe un poema o una novela: ya no más Hölderlin como diría Heidegger, ni más Cervantes, los tiempos de la poesía han quizá terminado junto con los de la pintura y la literatura en general.

Hoy un libro, una película o una pintura no son más un libro, una película o una pintura, son un libro feminista, una película gay y una pintura esquizofrénica; porque, es cierto, el valor del libro está dado en su autor y no en sus palabras; el de la película, en la historia que cuenta y no en sus recursos cinematográficos y el valor de la pintura en el contexto que la antecede y no en el universo que despliega: Todo está hecho porque la interpretación lo es todo. El Dios sujeto ha dominado todo con la violencia del consumo que es el cuchillo de la particularidad reinante entre los hombres. El “YO deseo” es la marca última de la desgracia de nuestro tiempo, de nosotros los nuevos fieles. El “YO soy” es la forma primera que toma esta desgracia que no se agota pero que agota a los pocos hombres entregados en un titánico esfuerzo al pensamiento: El ser ha sido olvidado.

Ahora explíquense porque los malos gobiernos, los incapaces votantes, los excesos institucionales, las imposibles revoluciones, los abusos y las diferencias abismales entre hombres, la riqueza excesiva y la pobreza asesina; entiéndanse ahora los abusos, las atrocidades y la tendencias oscuras a las que nos perfilamos cada día. El hombre se ha olvidado de sí confundiéndose con las cadenas que lo arrastran, confundiendo su voluntad con una inercia que lo sumerge en un estado de olvido totalizante, no en una muerte anticipada sino en un imposible devenir viviente.

¿De qué han servido los estudios de género? Le han servido al olvido del hombre.

No comments: