Ni la ONU ni la FIFA, sólo un pueblito llamado Gruyere lleno de casas que parecen salidas de un cueto con personas que a veces hacen pensar en Resident Evil 4 y otras en un cuadro de europeos haciendo queso. Suiza, Ginebra en primer lugar, un lago que en verdad parece lago y que huele a lago, un chorro de agua que no tiene mayor sentido que convertirse en una cascada que empapa el cielo que en las carreteras parece poder tocarse con la mano. La compañía excelente, gente que tiene o ha tenido una historia en este país, gente que anhela los tiempos en los que tenía una vida, un presente y la tan ansiada libertad de convertirse en lo que quisiera, en sí misma. Una abogada en potencia que se prepara para hacer un examen que siempre es muy difícil aprobar y que es la garantía que se da un País como éste de tener abogados capaces y preparados para el mundo laboral. Un italiano al que apenas conocí y que prepara su matrimonio en un par de meses y una chica con unos ojos arrancados del cielo suizo que se dedica a lo banquero y no sabe quién es Platón. Así transcurrieron cinco días en la tierra de Heidi, paraiso insólito ajeno a cualquier cosa que mis ojos o mi cámara hubieran o pudieran registrar. El cielo, verdaderamente el cielo y prueba de la pobreza de mis viajes y de la pequeñez de mi experiencia, impulso y razón para volver a Europa, ganas de vivir de otra manera.
Si algo he aprendido de este cobarde corto viaje a Europa es que se puede vivir en otro sitio, de otra manera, con otros anhelos y con realidades muy por encima de los trazos que se ven desde la esferita que llamamos casa. He aprendido que viajar forma no a los hombres sino a sus espíritus y permite hacer del mundo una casa y no un destino. Yo conozco a una chica con la que me encontré en París y a quien sigo encontrándome en muchos sitios; ella es todo menos cobarde, quizá mi contraparte y ella me habla de sus viajes y de los sitios a los que puede llegar teniendo un sitio donde pasar algunas noches. Ella dice "soy mala para mantener las relaciones cuando no hay constancia" pero no se da cuenta que cada relación que ha hecho es tan permanente que ella hace casa y deja hogar en cada punto del globo que ha visitado; ella a construido un lugar propio en el mundo y por eso puede dormir en cualquier cantidad de paises que quiera no sólo por unos días sino el tiempo que necesite porque tiene un hogar en la tierra. Eso es admirable.
Ginebra no ha sido más que un recordatorio del pasado que he tenido y del futuro que quiero tener y una experiencia que pone cada cosa en su lugar nuevamente: si quiere usted una casa debe cavar para colocar los cimientos...
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