Hace tanto que me prometieron eso... Siempre pensando: "hay algo más", "tiene que haber algo más", "no podemos estar reducidos sólo a esto".
A mi no me gusta aquí, nunca me ha gustado y no creo que llegue a gustarme. Está tan lleno de ciegos y de destino; está tan lleno de mi a donde quiera que voy; tan lleno de milenios de otros hombres que viven en cada palabra que digo, en cada cosa que siento. ¡Cansa!
Pero me gusta mucho Pink Floyd y el Fender fretless que me mira recargado en la pared de la sala de mi casa esperando que los cobardes de mis amigos se den cuenta que ya estamos llegando a la mitad del camino y que el resto será más rápido. Me gusta leer. Borges -desgraciado argentino- me roba horas de la vida mientras me muestra que yo no he leído jamás. Y me gusta comer, me gusta mucho comer y soy un miserable ser humano que no sabe de comida más allá de la masa de maíz que devora todo lo que tragamos en este país tercermundista.
Y sin embargo no me voy, no sé por qué no me voy, no entiendo por qué no me he ido. Y sin embargo, espero a Radiohead en un mes y a David Gilmour en una vida y a Love and Rockets en la guitarra de rf a quien junto con aa también espero, anhelo y extraño. Y espero que aquí ya no pese más y que allá sea también más ligero y que más allá un avión se desplome mientras wish you were here retumbe en mi corazón como siempre.
Pero nada pasa. Voy a bañarme como todos los días y a lavar mis dientes porque hay otros que no me soportarían de otra manera. Voy a salir a la calle y volveré con ropa nueva, como si el huracán no estuviera en cada célula de un cuerpo que ya ni siquiera es mío... ¡Extraño ser adolescente!
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